
Silvia Sanz Martínez e Irene Casas Martínez / Teo Fuksman
Miembros de la ETSETB / Delegado de centro de la ETSETB
Cómo las iniciativas de los estudiantes definen los perfiles profesionales del futuro
En el día a día de un estudiante de Ingeniería de Telecomunicación, las pizarras suelen llenarse de transformadas de Fourier, diagramas de bloques y arquitecturas de red, ideas que pueden llegar a resultar abstractas, difíciles de visualizar más allá del aula. Aun así, existen varios espacios donde esta línea imaginaria que separa los conceptos teóricos de los prototipos reales se difumina por completo.
Esa transición cobra vida en toda una red de asociaciones, entidades y organizaciones sin ánimo de lucro que nacen de la inquietud de los mismos estudiantes.
Son espacios donde se busca poner en práctica el conocimiento del aula de una manera divertida y enriquecedora, convirtiendo la universidad en un ecosistema de aprendizaje activo donde el alumno ya no solo estudia, sino que construye.
El equipo BCNeMotorsport es un ejemplo paradigmático de esta tendencia en la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), donde el diseño de un monoplaza de competición sirve de trampolín directo hacia el ámbito laboral.
Esta organización, formada íntegramente por estudiantes de la Escola Tècnica Superior d’Enginyeria de Telecomunicació de Barcelona (ETSETB) y de la Escola Tècnica Superior d’Enginyeria Industrial de Barcelona (ETSEIB) de la UPC, se ha convertido en un laboratorio de innovación donde el diseño, la fabricación y la competición de un monoplaza eléctrico y autónomo sirven de banco de pruebas para el talento más joven.
Participar en la Formula Student, la competición de ingeniería universitaria más grande del mundo no es solo una cuestión de velocidad; es el reto de crear un vehículo de altas prestaciones capaz de superar los estándares de seguridad y rendimiento en circuitos de prestigio internacional como Montmeló, la República Checa o Croacia.

¿Dónde se ubican los IT en este proyecto?
La competición de Formula Student ha evolucionado en paralelo con la tecnología de la automoción, donde la transición hacia los motores eléctricos y la conducción autónoma ha cobrado un protagonismo absoluto.
Es precisamente en esta transformación donde se encuentra la importancia de la participación de la ETSETB. Sus estudiantes contribuyen decisivamente aportando conocimientos especializados en telecomunicación, electrónica de potencia y computación, pilares indispensables para dar vida a los complejos sistemas de tracción eléctrica y de guiado autónomo del monoplaza.
Aunque a primera vista un coche de carreras pueda parecer una pieza puramente mecánica, lo cierto es que, en torno a la movilidad eléctrica y autónoma, las telecomunicaciones y la electrónica son el sistema nervioso del vehículo.
Las organizaciones de estudiantes son espacios donde se busca poner en práctica el conocimiento del aula de una manera divertida y enriquecedora
Dentro del equipo, los estudiantes de la rama de la Ingeniería de Telecomunicación encontramos nuestro espacio en departamentos clave donde la teoría sale del papel.
El Departamento de Electrónica, por ejemplo, es el responsable del diseño físico de las PCB y de toda la infraestructura de interconexiones que gestiona las señales de los múltiples sensores repartidos por el coche.
En paralelo, el Departamento de Control asume la misión crítica de la adquisición de datos y el análisis de la telemetría, programando la lógica que define cómo se tiene que comportar el vehículo en cada curva.
Pero el reto no acaba aquí: el Departamento de Powertrain se encarga del diseño de baterías de alto voltaje propias, gestionando la potencia que alimenta los motores a través de inversores que transforman la corriente continua en alterna trifásica, una aplicación directa y compleja de la electrónica de potencia.

La revolución de la autonomía: el reto driverless
Si hay un campo donde la telecomunicación y la inteligencia artificial convergen de forma espectacular es en el desarrollo del vehículo autónomo. En el equipo BCNeMotorsport, este reto tecnológico se afronta desde dos vertientes complementarias: la percepción y el control.
En la fase de percepción, se utilizan datos combinados de un sensor LiDAR y una unidad de medida inercial para ubicar el vehículo en el espacio. Mediante técnicas de inteligencia artificial, el software es capaz de detectar los conos de la pista durante una vuelta de reconocimiento.
Una vez procesada esta información, entra en juego la fase de control, donde modelos matemáticos avanzados generan las órdenes precisas de aceleración y dirección para que el coche siga la trayectoria más eficiente y rápida posible.
Todo este ecosistema digital se construye sobre herramientas de referencia en el sector como Matlab, ROS2, C++ y Simulink, que permiten el modelado de sistemas complejos con el rigor que exige la competición.
El impacto 6G: hacia la conectividad del futuro
La evolución de esta tecnología no se detendrá en el procesamiento local de datos. Con la actual implantación de las redes 5G y la proyección hacia el futuro estándar 6G, se vislumbra un escenario donde los vehículos de la competición del Formula Student no solo serán autónomos, sino hiperconectados, sentando las bases para futuros sistemas cooperativos en red.
Si bien los sistemas actuales C-V2X (Cellular Vehicle-to-Everything) ya permiten dar los primeros pasos en este sentido, la llegada del 6G promete llevar la latencia a niveles casi nulos.
Esto facilitará una comunicación instantánea entre el monoplaza y la infraestructura de boxes (V2I), haciendo posible compartir mapas de la pista y datos de telemetría de alta resolución en tiempo real de forma ultra precisa.
Participar en la Formula Student no es solo una cuestión de velocidad; es el reto de crear un vehículo de altas prestaciones
Esta conectividad avanzada no sólo optimizará el rendimiento, sino que sentará las bases de una conducción autónoma mucho más segura, situando a los futuros ingenieros de telecomunicación ante un reto tecnológico con gran proyección profesional.
Más allá del taller: gestión, seguridad y red profesional
La complejidad de un coche de Formula Student no solo reside en su software. Por fuera, el paquete aerodinámico y el chasis protegen un entramado de cableado y elementos de potencia que tienen que superar el llamado scrutineering. Se trata de inspecciones técnicas donde los jueces verifican que cada milímetro del coche cumple con la normativa de seguridad más estricta.
Por otro lado, desarrollar un proyecto de esta magnitud requiere una capacidad de gestión que a menudo no se enseña en el aula. A pesar de contar con el apoyo logístico de la universidad, el grosor de la financiación y los materiales provienen de una red de patrocinadores.
Los estudiantes tienen que actuar como comerciales, negociando con empresas de software, hardware o servicios logísticos. Esta interacción genera un networking incalculable, conectando directamente a los alumnos con la realidad del mercado laboral antes de terminar sus estudios.

Una inversión a futuro
Es cierto que la participación en el equipo de la ETSETB del Formula Student requiere una dedicación intensa, a menudo comparable a unas prácticas de empresa.
Aun así, el esfuerzo se compensa con la satisfacción de ver el resultado en la pista y con la creación de una sinergia perfecta con los estudios oficiales, puesto que muchos miembros aprovechan la investigación realizada para estructurar sus Trabajos de Fin de Grado o de Máster.
Al final, lo que realmente marca la diferencia en el currículum de un Ingeniero de Telecomunicación que ha pasado por este equipo es la adquisición de competencias transversales: la capacidad de buscar soluciones a los retos que van surgiendo, el trabajo bajo presión y la experiencia en proyectos multidisciplinarios.
Si hay un campo donde la telecomunicación y la inteligencia artificial convergen de forma espectacular es en el desarrollo del vehículo autónomo
En procesos de selección para equipos de alta competición o empresas tecnológicas líderes, la experiencia en Formula Student se ha convertido en un filtro determinante que distingue los candidatos que ya saben cómo funciona la dinámica de la innovación real desde el primer día.
En definitiva, el paso por competiciones de alta exigencia como la Formula Student tiene un impacto transformador que trasciende lo puramente académico. Para nuestros estudiantes, supone un salto cualitativo vital en su formación: maduran profesionalmente al enfrentarse a problemas reales, aprenden a gestionar presupuestos y tiempos, y consolidan habilidades humanas imprescindibles como el liderazgo y el trabajo en equipo.
Paralelamente, para la Escuela, respaldar y acoger estas iniciativas consolida su posición como un auténtico ecosistema de innovación. Se demuestra así que nuestra institución va mucho más allá de la teoría, actuando como un verdadero motor de talento donde los futuros Ingenieros e Ingenieras de Telecomunicación empiezan a diseñar, desde hoy mismo, el futuro de la movilidad inteligente.