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Francisco del Olmo-García. Fernando Rojas-Traverso. José M. López-Jiménez

Instituto Universitario de Análisis Económico y social (IAES) - Universidad de Alcalá / CUNEF Universidad / Universidad de Málaga

Innovación, banca central y sistema financiero

Si algo ha caracterizado al sistema financiero en las últimas décadas ha sido su capacidad de innovación. En los últimos años, esta influencia se ha incrementado a raíz de innovaciones digitales como la tecnología blockchain (que incluso surgió para servir de alternativa al sistema financiero tradicional) o el desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA). Aunque las innovaciones más relevantes proceden históricamente del ámbito privado, la convivencia de factores del entorno ha despertado la necesidad de innovar desde un ámbito público, que en el marco del sistema financiero se circunscribe principalmente a los bancos centrales.

Por un lado, la geopolítica ha vuelto a convertirse en un factor clave del entorno económico-financiero, lo que ha despertado un riesgo inherente en el sistema de pagos europeos: la dependencia estratégica de proveedores de pagos externos de las fronteras europeas. Ello ha llevado a impulsar soluciones de pago gobernadas desde Europa y que permitan asegurar la autonomía estratégica en este ámbito.

Por otro lado, el crecimiento experimentado por las stablecoins o monedas digitales emitidas por entidades privadas también se ha convertido en un factor potencial de inestabilidad financiera.

En este caso, la naturaleza privada de la emisión supone la dependencia total sobre la confianza de las entidades emisoras y la necesidad de transparencia sobre las reservas de activos que soportan el valor de estas mondas digitales. 

La crisis de Terra/Luna en 2022 fue una muestra de que estas monedas digitales no están exentas de momentos de estrés. Desde una perspectiva europea, preocupa el hecho de que el 99% de la capitalización bursátil total de las stablecoins están basadas en el dólar, lo que supone un riesgo de merma de la soberanía monetaria y la estabilidad financiera europeas.

Los pagos digitales se imponen

La realidad es que los medios de pago digitales son actualmente una forma de pago habitual entre los ciudadanos. Los datos procedentes del propio Banco Central Europeo señalan que en 2024 solo el 52% de las operaciones se realizaban mediante efectivo, frente al 59% de 2022 y el 72% de 2019.

El uso de medios de pago electrónicos alcanzó el 39% de las operaciones de compras físicas en 2024 frente 34% de 2022 y al 25% de 2019, siendo el medio principal para grandes importes.

La tendencia al alza en el pago mediante aplicaciones móviles es igualmente significativa, pues alcanzó en 2024 el 6% frente al 3% de 2022 y al escaso 1% de 2019.

 

En Europa preocupa el hecho de que el 99% de la capitalización bursátil total de las stablecoins están basadas en el dólar

 

Sin embargo, estos datos no implican que el efectivo esté desapareciendo. Nada más lejos de la realidad, como se refleja en el hecho de que el 62% de los ciudadanos europeos considera importante que exista la opción de pagar en efectivo.

Esta realidad, en la que el pago mediante tarjetas es el medio preferido de los ciudadanos europeos también ha llevado a los reguladores a potenciar los pagos inmediatos ente los ciudadanos, habiéndose generado innovaciones relevantes como el ejemplo de Bizum en España.

De hecho, a partir de la puesta en vigor de la Directiva de Pagos de 2015, la flexibilización de la regulación ha permitido la aparición de proveedores no bancarios, con forma general de entidades de pago, que permiten la ejecución de nuevos servicios de pago.

Los bancos centrales responden

Los principales bancos centrales de todo el mundo han tomado nota de estos riesgos y tendencias. En los últimos años se han desarrollado proyectos de monedas digitales de los bancos centrales (CBDC por sus siglas en inglés) con el fin de aportar un elemento que probablemente sea la más importante innovación tecnológica en décadas dentro del marco de la banca central.

Sin embargo, los riesgos de concepto de las CBDC son amplios, pues su puesta en marcha tiene importantes implicaciones para el sistema financiero desde la perspectiva de la política monetaria y la estabilidad financiera.

 

El uso europeo de medios de pago electrónicos alcanzó el 39% de las operaciones de compras físicas en 2024 frente 34% de 2022

 

Efectivamente, existen diversas posibilidades de definición y conceptualización de las CBDC que abarcan ámbitos como son la disponibilidad (permanente o temporal), el grado de anonimato o privacidad, los mecanismos de transferencia (de igual a igual o mediante intermediarios) y de distribución, así como el esquema de remuneración (posibilidad de devengar intereses) y el establecimiento de límites (al uso o la tenencia) o las normas de convertibilidad y paridad con otras formas de pago.

 

 

Variedad de CBDC

Estas características permiten el diseño de una amplia variedad de CBDC. Por ejemplo, aquellas accesibles para todos los usuarios son clasificadas como CBDC minoristas, mientras que de orientarse a grandes inversores y entidades serían clasificadas como mayoristas.

Ello se deriva en diferentes implicaciones sobre la estabilidad financiera. Qué duda cabe que en ciertas situaciones y en función de la estructura de mercado, una CBDC podría considerarse una alternativa a los depósitos bancarios, lo que repercutiría en la capacidad de financiación de las entidades financieras y, en última instancia, sobre la transmisión de la política monetaria y el crédito. Incluso cabría la posibilidad de permitir a particulares, empresas e instituciones financieras no bancarias liquidar directamente en el banco central.

 

Los riesgos de concepto de las CBDC son amplios, porque las monedas digitales tienen importantes implicaciones para el sistema financiero

 

Cabe señalar que el debate general se encuentra, principalmente, aunque no exclusivamente, en torno a si la moneda debe ser utilizada universalmente, su posibilidad de anonimato o la privacidad que conlleva su utilización, así como la necesidad de imponer límites a la tenencia y, en última instancia, si debe conllevar algún tipo de esquema de remuneración.

El debate, en realidad, es complejo, puesto que hay que considerar que factores que podrían ser beneficiosos en términos de política monetaria, como es el caso de una CBDC remunerada, podrían ser arriesgado en términos de estabilidad financiera y de provisión de crédito por el sector bancario.

Asimismo, una excesiva dependencia del sector bancario para la distribución o en el despliegue, podría dificultar el entendimiento y la aceptación por los ciudadanos.

Sin embargo, ante estas posibilidades, los bancos centrales que están diseñando su propia CBDC están trabajando en compatibilizar sus objetivos con el mantenimiento de la estabilidad financiera.

Euro digital

En el caso de la Unión Europea, no solo ha asumido la iniciativa de crear una CBDC propia, sino que ha convertido este proyecto en un pilar de su estrategia financiera, pero sin olvidar su responsabilidad en términos de estabilidad de precios y preservación de la estabilidad financiera.

De esta manera, el diseño del euro digital se ha definido como un proceso colaborativo en el que los diversos stakeholders (como la banca) están participando activamente.

No hay que perder de vista la importancia del dinero de banco central para mantener el buen funcionamiento del sistema de pagos, la estabilidad financiera y, en última instancia, la confianza en la moneda.

 

La Unión Europea ha asumido la iniciativa de crear una CBDC propia como pilar de su estrategia financiera

 

Hoy en día, el esquema principal de diseño del euro digital está claro, y así se ha divulgado a nivel institucional. El propio Banco Central Europeo ha declarado explícitamente que el euro digital será la versión digital del euro físico, que tendrá un alcance universal y que no será un sustituto del euro físico, sino un complemento.

También se ha señalado que debe preservar el papel del sistema bancario en la creación de dinero, en el sistema de pagos, en la concesión de créditos y en la gestión del riesgo de crédito. Por lo tanto, se habla de un medio de pago adicional a los ya existentes, defendiendo la colaboración con soluciones privadas de pagos (como la iniciativa EuroPA).

Asimismo, se ha anunciado que se establecerán límites a la tenencia de euros digitales por persona para evitar consecuencias indeseadas sobre la estabilidad financiera (se habla de en torno a 3.000 euros, pero no existe cifra definitiva) y que no se establecerá un esquema de remuneración.

Es importante reseñar que el euro digital se almacenaría en una cuenta creada en una entidad financiera o en un intermediario público. De esta manera, se podría pagar en euros digitales con y sin conexión a Internet.

Tras la fase de preparación, que se desarrolló entre noviembre de 2023 y octubre de 2025, el trabajo está centrado en los avances desde una perspectiva técnica. Si los legisladores de la Unión Europea finalmente deciden adoptar la normativa en 2026, el euro digital podría emitirse en 2029.

El trabajo que ha dado lugar a este artículo se enmarca en el Proyecto de Investigación “La transformación digital de los servicios bancarios y financieros: nuevos marcos normativos y modelos de negocio (E-FINBANK)”, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación (PID2021-127594OB-I00).

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