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Innovar o no innovar, ¿es esa la cuestión?

Ignacio Kaiser Ruiz del Olmo

Socio director de Twice Consulting.

Innovar o no innovar, ¿es esa la cuestión?

¿Cuáles son las ventajas de innovar para una empresa? ¿Qué beneficios le aporta, directa e indirectamente, a corto y a medio plazo? ¿Vale la pena realmente apostar por la innovación? ¿Y cuáles son los riesgos de no hacerlo?

Comencemos preguntándonos qué es innovar. Y lo hacemos porque existe una gran confusión con el significado real de este término, sobre todo cuando lo relacionamos con otros, como digitalización y transformación digital. Desde una perspectiva empresarial, y siendo respetuosos con la definición de la RAE, “innovar es hacer las cosas de forma diferente o mejor y con impacto positivo en el negocio”. En la innovación es fundamental la repercusión comercial, el impacto positivo en la actividad de la empresa, porque en otro caso estaríamos hablando ‘simplemente’ de invención.

En definitiva, la innovación dentro de la empresa se origina por una fuerte presión interna para cambiar por necesidad frente al cliente, o por una fuerte presión exterior, procedente del cliente, que nos obliga a ello para responder a sus necesidades. En ambos casos, el propósito es mantener la competitividad o, en el caso de empresas de reciente constitución y startups, lograr que la empresa sea competitiva. Por lo tanto, la innovación no puede ser un hecho puntual, un simple episodio, porque ello no dotaría a la empresa de una capacidad superior para hacerla competitiva de manera continuada.

En la innovación es fundamental la repercusión comercial, el impacto positivo en la actividad de la empresa

Innovación, clientes y cultura empresarial
La repercusión comercial que antes mencionábamos supone un impacto en los clientes, hasta el punto de que si no hay impacto en ellos es mejor no llevarla a cabo porque no va a derivar en un incremento de su interés en el producto o servicio. De igual forma, la innovación debe involucrar y comprometer a las personas de la organización porque es fundamental que forme parte de la cultura de la empresa para lograr el efecto positivo que decíamos. La no-innovación tiene como consecuencia directa la falta de competitividad y, por ello, la pérdida de la partida frente a los competidores. En resumen, la ventaja competitiva de toda organización pasa inexcusablemente por su capacidad de innovación en el aspecto o materia que fuere, pero que de alguna manera sea capaz de llegar al cliente, impacte positivamente en él, y también en las personas de la organización, que son las que en definitiva van a ejecutar las acciones que correspondan.

En este punto, muchos empresarios se preguntarán cuál es la mejor forma de activar la capacidad de innovación de sus empleados. Cabe destacar que en las empresas innovadoras es el director general o CEO quien se convierte de manera natural en el director de innovación, y la cultiva con su propio ejemplo a la vez que impulsa el proceso. Culturalmente, en estas empresas los empleados tienen libertad y seguridad para expresar sus opiniones e ideas en un esmerado contexto en el que destaca el cuidado a la comunicación interna, ya que se parte del principio de que en muchas ocasiones las ideas para innovar están dentro de la empresa y no fuera. La innovación en la empresa no deja de ser un proceso que exige pragmatismo, disciplina, comunicación y autonomía. Son los factores clave del éxito de la empresa en su reto de incorporar o cultivar la innovación en su organización.

La no-innovación tiene como consecuencia directa la falta de competitividad

Innovación, digitalización y transformación digital
¿Cuál es, entonces, el papel que tienen la digitalización y la transformación digital en los procesos de innovación? Es bastante habitual escuchar comentarios que relacionan la transformación digital con la innovación, de tal manera que, sin aquella, esta no tiene mucho sentido. La realidad es que el uso de la tecnología puede transformar radicalmente los procesos de negocio de una organización (digitalización) y que, por consiguiente, esta gane en competitividad proporcionando nuevas oportunidades de generar valor. Hay un cambio a mejor, sin duda, pero puede que no afecte directamente al cliente por quedarse en el interior de la organización. En cualquier caso, la organización deberá continuar innovando para seguir siendo competitiva ya que la tecnología es hoy una herramienta al alcance de cualquiera y no supone, per se, una ventaja competitiva permanente. Sin embargo, la transformación digital supone un paso más, se refiere a la transformación estratégica impulsada por el cliente que requiere un cambio organizativo transversal, así como la aplicación de las tecnologías digitales. Esta transformación puede considerarse innovación desde el momento en que hay un cambio profundo en el modelo de negocio y no solo en unos cuantos procesos, y porque se pretende mejorar y que esta mejora afecte directamente al cliente y a las personas de la organización. En realidad, la transformación digital se lleva a cabo por exigencia del entorno, del legislador, de la competencia y de los clientes, encontrándonos con muchos mal llamados proyectos de transformación digital cuando son meramente proyectos de digitalización. Obviamente, una vez el negocio esté ya transformado digitalmente hay que seguir definiendo estrategias y tácticas de innovación para seguir compitiendo. Al final, todas las empresas habrán pasado por ese proceso de adaptación y transformación digital para seguir siendo competitivas y evitar desaparecer del mercado.

Ventajas de la innovación
Una pregunta que se hacen muchos empresarios es qué ganan con la innovación si resulta más fácil y barato copiar a otros. En definitiva, cabría reflexionar acerca de cómo se refleja la innovación en la cuenta de resultados de la empresa. Dijimos antes que la innovación impacta en el cliente y, en este sentido, tenemos que pensar que efectivamente queda reflejada de alguna manera en la cuenta de resultados. Pero no olvidemos que la innovación también tiene un componente social, cada día más marcado, al impactar en la sociedad y quizás no tan directamente en el cliente. Por ejemplo, el uso de energías alternativas por parte de una empresa puede ser una forma de innovación que impacta en el ecosistema, no en el cliente, consumidor o usuario, y por ende en la sociedad que verá mejorada la calidad del aire que se respira. Aparentemente, no hay aquí un impacto económico, sino exclusivamente social. Sin embargo, esto no es cierto del todo. Primero, porque puede ser una preferencia del cliente tratar prioritariamente con proveedores que valoran y cuidan el entorno; y segundo, porque el hecho de que las empresas no contaminen, aún no teniendo un impacto económico en el corto plazo, sí lo tiene en la sociedad y en la ‘valoración’ posterior que la sociedad hará de esas empresas apoyándolas o marginándolas. La repercusión de la innovación debe por tanto observarse en los estados financieros de la empresa y/o en el valor de esta.

La innovación también tiene un componente social, cada día más marcado

Estrategia e innovación
¿Y cuál es el vínculo entre innovación y estrategia? ¿Existe o no una estrecha relación entre ambas o son independientes? Nosotros creemos que la innovación, cuando es seria, permanente y consolidada en la cultura de la empresa, es decir, no se trata de un simple episodio, es efectivamente transversal, afecta a toda la organización por completo, dotando a ésta de una ‘capacidad especial’ que la puede diferenciar de la competencia o hacerla competitivamente superior. En definitiva, podemos concluir que la innovación, como ‘capacidad de la organización’, y la estrategia están muy vinculadas, porque esta se basa normalmente en aquella. ¿Se puede dar una estrategia sin innovación? Sí. ¿Se puede tener éxito y alcanzar los objetivos sin innovación? Sí, pero creemos que solo de forma puntual y con altas dosis de incertidumbre acerca del futuro, lo que resulta, desde el punto de vista empresarial, en un enfoque poco consistente.

Para finalizar, preguntémonos si la innovación tiene un lado oscuro. Es obvio que prácticamente todo en el día a día de la empresa tiene riesgos. Las decisiones que a diario se toman comportan riesgos, y lo mismo sucede con los resultados de la innovación: lo real y lo esperado a veces difieren y en ocasiones esta diferencia es enorme. Y sí, existe un lado oscuro en la innovación, es profundo e incluye varios elementos: riesgo, coste y la aceptación del cliente. La innovación no es un camino de rosas, no es una poción mágica, es compleja, difícil de implementar y puede no dar los resultados deseados.

 

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