
Pablo Sanz Bayón
Profesor de Derecho Mercantil, Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED)
La opción estratégica de la UE para su soberanía monetaria
Hay numerosas razones para sostener la necesidad estratégica del euro digital y apoyar su aprobación. El cambiante panorama del poder global, caracterizado por la instrumentalización de las finanzas y una excesiva dependencia en Europa de los sistemas de pago predominantemente estadounidenses, ha revitalizado el proyecto.
El proyecto del euro digital se ha transformado en un pilar de la llamada ‘autonomía estratégica’ europea. En un contexto de crecientes tensiones geopolíticas, el Banco Central Europeo (BCE) ya no se limita a crear una herramienta de pago paneuropea, sino una fortaleza digital para la moneda única con el objetivo de hacer que las transacciones de pago en Europa sean más seguras, eficientes y preparadas para el futuro. Para entender el trasfondo de un proyecto como el del euro digital y no dejarse llevar por ciertas polémicas, hay que tener asentados algunos conceptos fundamentales.
Comprender el sentido y alcance
En primer lugar, hay que recordar que cuando un usuario paga con tarjeta o monedero móvil está transfiriendo una obligación bancaria comercial (la promesa de una institución privada) a través de una infraestructura que, en la mayoría de los casos, es propiedad de un pequeño grupo de proveedores de pago no europeos, a través de una red de pagos que está controlada por ellos.
En segundo lugar, no todo el dinero es igual. El sistema monetario siempre ha funcionado en dos niveles distintos, y la diferencia entre ellos no es meramente teórica. El dinero público es un pasivo directo del banco central. Es universalmente accesible y, por definición, libre de riesgos. Hasta ahora, el efectivo físico ha sido la única forma de dinero público disponible para los ciudadanos. Al poseer un billete de 50 euros, por ejemplo, su poseedor tiene un derecho directo sobre el Banco Central Europeo, una institución que no puede declararse insolvente.
El dinero privado, en contraste, es un pasivo de un banco comercial. Los 50 euros en una cuenta corriente no son lo mismo que un billete de 50 euros, sino una promesa del banco de pagarle 50 euros. Funciona como dinero porque esa promesa casi siempre se cumple y porque se convierte en dinero público en una proporción de 1:1 cuando se solicita. Pero su seguridad depende de la institución que lo emitió. Los depósitos bancarios dependen de la solvencia de una institución privada específica.
El proyecto del euro digital se ha transformado en un pilar de la llamada ‘autonomía estratégica’ europea
Todo el sistema monetario se mantiene unido porque estas dos formas de dinero siguen siendo intercambiables. Pero el dinero público es el pilar de la confianza. El dinero privado se construye sobre él. Si se rompe este pilar, la base del sistema se traslada a actores privados que nunca fueron diseñados para sostenerlo.
La magnitud de esta dependencia es mayor de lo que muchos creen. De hecho, 13 de los 20 países de la Zona Euro dependen exclusivamente de sistemas de tarjetas no europeos para los pagos digitales en puntos de venta. Esto no es un riesgo menor, sino una vulnerabilidad estructural en la infraestructura económica europea que deja todo el sistema de pagos expuesto a decisiones geopolíticas y corporativas externas, tomadas fuera de la jurisdicción europea.
La respuesta a una vulnerabilidad de la Eurozona
Precisamente, el euro digital es la respuesta del BCE a esa vulnerabilidad. Pero para entender por qué es importante, primero hay que comprender una distinción que el sector financiero rara vez explica con claridad. El efectivo del banco central y las reservas bancarias constituyen la base monetaria libre de riesgos. Representan un derecho directo sobre el BCE.
El dinero de los bancos comerciales (su depósito bancario) es un pasivo privado que funciona como dinero precisamente porque se convierte 1:1 en dicha base. Si se elimina esta base de las transacciones cotidianas, la arquitectura de confianza de todo el sistema se traslada a los actores privados. Por esta razón, teniendo en cuenta que el uso de efectivo está en declive estructural en todos los principales mercados europeos, a medida que desaparece, también lo hace la relevancia que representa el anclaje de la base monetaria en el dinero público.
13 de los 20 países de la Zona Euro dependen exclusivamente de sistemas de tarjetas no europeos para los pagos digitales en puntos de venta
El proyecto del euro digital representa en este sentido el cambio de paradigma que resuelve este problema fundamental. Para ser precisos sobre lo que esto significa en la práctica, hemos de tener presente que el efectivo físico es dinero público, pero carece de capacidad digital.
Los criptoactivos, por su parte, son totalmente digitales, pero son emitidos por entidades descentralizadas o privadas y pueden ser altamente volátiles. El euro digital es el único instrumento que es simultáneamente digital en línea y fuera de línea, y que es emitido directamente por un banco central con una estabilidad de valor garantizada. Actualmente, ningún otro instrumento combina estas propiedades.
Su arquitectura y por qué la capacidad offline es clave
El modelo operativo se basa en una estructura de dos niveles. El Eurosistema emite los pagos y los bancos y los proveedores de servicios de pago autorizados los distribuyen a través de monederos digitales, aplicaciones y las relaciones existentes con los clientes. Refleja el modelo de efectivo, adaptado a los canales digitales. El BCE mantiene el control monetario sin desintermediar el sistema bancario. Ofrece una solución universal, utilizable en toda la Zona Euro, tanto en línea como fuera de línea, y gratuita para los servicios básicos. Está diseñado para que lo puedan usar personas en situación de vulnerabilidad financiera o digital, así como personas con discapacidad. Esta dimensión inclusiva se enmarca en la concepción del dinero como un bien público, que antes se ha remarcado.
Dos elementos de diseño definen lo que hace que este producto sea diferente de todo lo demás en el mercado. Por una parte, los pagos sin conexión mediante tecnología de elementos seguros. Los dispositivos de los usuarios contienen un chip de hardware específico, un ‘elemento seguro’, que hace que en el momento del pago el valor se transfiera directamente de un elemento seguro a otro. Sin internet. Sin verificación en el servidor. Sin intermediarios que vean la transacción. Cuando se restablece la conexión, los dispositivos se sincronizan.
El euro digital es el único instrumento que es simultáneamente digital en línea y fuera de línea
El BCE es explícito a este respecto al afirmar que los detalles de la transacción sin conexión solo los conocen el pagador y el beneficiario. Los proveedores de servicios de pago solo ven los importes de entrada y salida. Esto implica, sencillamente, que consta de una privacidad equivalente al efectivo, integrada en la infraestructura digital, y un auténtico mecanismo de continuidad de pagos para interrupciones del servicio, o situaciones de falta de conectividad. En caso de un ciberataque o un apagón total de Internet -escenarios que ya no parecen ciencia ficción en el contexto actual- la capacidad de procesar pagos sería resiliente.
Por otra parte, esta arquitectura ofrece además mayor protección de la privacidad que cualquier sistema de pago comercial importante que opere actualmente en Europa. El BCE procesa importes y cadenas aleatorias, no nombres, ni historiales de transacciones, ni datos de comportamiento. El Eurosistema no crea perfiles basados en el gasto de los ciudadanos, a diferencia de los emisores de tarjetas y otros proveedores de pago privados y las Big Tech que prestan servicios de wallet.
Preservar la estabilidad financiera del Eurosistema
Contrariamente a los temores iniciales, el euro digital no pretende eliminar a los bancos como intermediarios. La distribución se realizaría a través de entidades de crédito y otros proveedores supervisados. Las tenencias no generarían remuneración y estarían sujetas a límites máximos para evitar grandes desplazamientos de depósitos en momentos de crisis. El BCE ha subrayado en repetidas ocasiones que sus análisis técnicos confirman la ausencia de un impacto significativo en la estabilidad financiera en un escenario de uso ordinario.
En este sentido, mediante unos límites de tenencia, el euro digital es un mecanismo que puede reducir el riesgo de fuga de depósitos de una entidad o del sistema bancario durante una crisis. El diseño prioriza la usabilidad: si un pago excede el saldo digital en euros, la diferencia exacta se retira instantáneamente de la cuenta bancaria vinculada del usuario.
Contrariamente a los temores iniciales, el euro digital no pretende eliminar a los bancos como intermediarios
Recta final para la aprobación
La fase de preparación finalizó en octubre de 2025. Se han completado el desarrollo del Reglamento, la selección del proveedor de infraestructura y el trabajo técnico fundamental. El programa se encuentra ahora en fase de desarrollo activo con miras a un proyecto piloto del Eurosistema en 2027 y una posible primera distribución en 2029, supeditada a la aprobación de la legislación de la UE en mayo de este año.
El Parlamento Europeo y el Consejo están debatiendo actualmente esa legislación fundamental. La configuración final del euro digital -sus umbrales de privacidad, mandatos de inclusión, fijación de límites de tenencia, modelo de compensación para proveedores de servicios de pago y alcance tecnológico- se determinará mediante decisiones que se tomen en los próximos meses.
El trabajo que ha dado lugar a este artículo se enmarca en el Proyecto de Investigación “La transformación digital de los servicios bancarios y financieros: nuevos marcos normativos y modelos de negocio (E-FINBANK)”, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación (PID2021-127594OB-I00).
