La revista profesional sobre tecnología y transformación digital
Juan Carlos portada digital

Juan Carlos López

Decano-presidente del COIT y presidente de la AEIT

«La sociedad necesita una referencia tecnológica independiente, y nosotros queremos asumir esa responsabilidad»

Tras las últimas elecciones celebradas recientemente tanto el Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicación (COIT) como en la Asociación Española de Ingenieros de Telecomunicación (AEIT), los equipos encabezados por Juan Carlos López abren una nueva etapa donde se seguirán consolidando proyectos lanzados durante estos últimos años, a la vez que se centra la gestión en aspectos como la cohesión territorial del Colegio, la necesidad de adquirir una mayor capacidad de liderazgo e influencia en las políticas tecnológicas y la construcción de una relación más sólida con el ecosistema empresarial, industrial y social.

Acaban de celebrarse las elecciones y las candidaturas que encabezabas al COIT y a la AEIT han recibido un amplio respaldo por parte de colegiados y asociados. ¿Qué mensaje crees que han querido trasladar con este resultado?

Creo que el principal mensaje es de confianza en un proyecto que, de alguna forma, ya ha demostrado resultados. Durante estos últimos años hemos profesionalizado la gestión, fortalecido nuestra presencia institucional, mejorado notablemente los servicios al colegiado, reforzado la participación territorial y consolidado a nuestras instituciones como actores reconocidos dentro del ecosistema tecnológico español. Ahora somos una institución más abierta, participativa, moderna y útil para los ingenieros de telecomunicación y para la sociedad.

Y todo ello ha sido posible gracias al trabajo de un gran equipo y a la implicación de muchas personas que han contribuido desde los distintos territorios, los grupos de trabajo y la propia estructura colegial. Con todas esas personas, que aportaban su experiencia y que ya han demostrado su conocimiento y compromiso con el colegio, configuramos nuestra propuesta a las nuevas Juntas, en la que también incluimos caras nuevas, pero igual de comprometidas con su trabajo durante estos años.

Creo que el resultado electoral supone, sobre todo, un respaldo a esa forma de entender el Colegio: una institución que escucha, que integra, que genera valor y que aspira a tener un papel relevante en la sociedad.

En esta nueva etapa se habla menos de transformación y más de liderazgo. ¿Qué significa exactamente ese cambio de enfoque?

Nuestro programa para este próximo periodo parte de una idea muy clara: durante los últimos años hemos transformado el Colegio, modernizándolo, es decir, evolucionando su estructura, integrando los territorios, haciendo sus procesos más eficientes, equilibrando la situación financiera…

Disponemos ahora de una organización mucho más sólida, eficiente y reconocida. Es, pues, el momento de aprovechar esa base para convertirlo en una institución con mayor capacidad de liderazgo e influencia.

Vivimos un contexto radicalmente distinto al de hace una década. La inteligencia artificial, la ciberseguridad, la microelectrónica, la computación cuántica… están condicionando y redefiniendo la economía, la industria y las relaciones geopolíticas.

 

Los Ingenieros de Telecomunicación no solo desarrollamos tecnología; ayudamos a tomar mejores decisiones sobre ella, con valores éticos y visión humanista

 

El concepto de soberanía tecnológica aparece como unos de los principales retos a afrontar. Al mismo tiempo, las carreras profesionales son cada vez más dinámicas, aparecen nuevos modelos de trabajo y la sociedad demanda referentes independientes que aporten criterio técnico en los grandes debates tecnológicos. Nuestro Plan Estratégico nace precisamente para responder a esa nueva realidad.

Nunca antes la sociedad había dependido tanto de las infraestructuras digitales. Comunicaciones, computación, datos e inteligencia artificial constituyen el ecosistema tecnológico que sostiene nuestras economías, nuestras administraciones, nuestros hospitales, nuestras empresas y nuestra vida cotidiana.

Y ese ecosistema es el nuestro: la profesión lleva décadas haciéndolo posible. Los Ingenieros de Telecomunicación participamos en el diseño, desarrollo y operación de esas tecnologías, pero también debemos contribuir a que su implantación sea segura, ética y orientada al interés general.

En este contexto, creemos que el COIT (y siempre alineado y con el trabajo conjunto con la AEIT) debe asumir un papel más protagonista. Queremos ser una institución capaz de influir en las políticas tecnológicas, aportar conocimiento independiente y convertirse en una referencia para empresas, administraciones y sociedad.

Nuestro objetivo ya no es únicamente prestar servicios excelentes al colegiado, sino que nuestra profesión pueda contribuir activamente al liderazgo tecnológico de nuestro país.

 

 

¿Cuáles serán las grandes prioridades de la Junta durante los próximos cuatro años?

Las grandes prioridades corresponden a los grandes ejes estratégicos en los que se apoyaba nuestro programa.

En primer lugar, queremos situar al colegiado verdaderamente en el centro de la actividad del COIT. Queremos que el Colegio acompañe al profesional de la Ingeniería de Telecomunicación durante toda su vida profesional, ofreciendo servicios adaptados a cada etapa de su carrera, desde los primeros años hasta los perfiles directivos o el ejercicio libre de la profesión.

Esto implica evolucionar iniciativas como Ment-It o Talento50+, desarrollar itinerarios profesionales personalizados, facilitar el networking sectorial, impulsar certificaciones profesionales y avanzar hacia una plataforma digital integral que concentre todos los servicios y facilite una relación mucho más cercana con el colegiado.

Pero, además, la velocidad a la que evolucionan las tecnologías obliga a un aprendizaje permanente y queremos ofrecer la mejor formación posible, tanto en ámbitos tecnológicos (inteligencia artificial, ciberseguridad, cloud o ciencia de datos) como en competencias de liderazgo, gestión y negocio.

Por otro lado, reforzaremos la conexión con las empresas para facilitar la empleabilidad, impulsar procesos de reskilling y acompañar a quienes afrontan nuevas etapas profesionales.

Una segunda prioridad, que considero especialmente relevante, es reforzar el papel del Colegio como actor de referencia en las políticas tecnológicas. Los profesionales de las telecomunicaciones y del mundo digital debemos estar presentes allí donde se diseñan las estrategias que condicionarán el futuro digital de nuestro país. Aspiramos a que el COIT, y por ende nuestra profesión, sea reconocido como un actor esencial del sector.

Para ello queremos además intensificar nuestra relación con el ecosistema empresarial, industrial y social. El COIT tiene que ser un socio estratégico para las empresas, facilitando el acceso al talento, promoviendo proyectos de innovación y digitalización, impulsando observatorios tecnológicos y favoreciendo la colaboración entre grandes compañías, startups, administraciones y universidades. Nuestro objetivo es que el Colegio contribuya de forma directa a la competitividad del tejido productivo y al desarrollo económico y social.

 

Europa dispone del conocimiento y el talento; ahora debe convertirlos en liderazgo industrial y autonomía tecnológica

 

También seguiremos profundizando en la cohesión territorial, una de las grandes transformaciones de los últimos años. Queremos un Colegio con una presencia real en todo el territorio nacional, capaz de adaptarse a las necesidades específicas de cada ecosistema regional, fortaleciendo las demarcaciones, impulsando actividades y compartiendo recursos y buenas prácticas entre territorios.

Finalmente, existe un eje transversal que resulta esencial para garantizar el futuro de la profesión: la comunidad, la diversidad y el talento.

Seguiremos impulsando iniciativas como Teleco Renta, IT24, Ment-it, Talento50+ o Pioneras_IT, fomentando las vocaciones tecnológicas, incrementando la presencia de la mujer en la ingeniería y facilitando la incorporación de las nuevas generaciones a la profesión y apoyando a los ingenieros senior en su desarrollo a lo largo de su vida profesional.

Estamos convencidos de que una comunidad más diversa, participativa y comprometida será también una comunidad más innovadora y preparada para afrontar los desafíos del futuro.

Todo ello estará sustentado por un compromiso permanente con la excelencia en la gestión, la sostenibilidad económica, la transformación digital de la propia organización y una comunicación mucho más abierta e influyente.

 

España no puede renunciar al impulso tecnológico de estos años. Debe consolidar las iniciativas emprendidas y convertir la tecnología en una prioridad de país

 

Uno de los aspectos en los que se basa el liderazgo al que se aspira en esta nueva etapa es el incremento de la presencia institucional del Colegio. ¿Cómo pensáis consolidar ese posicionamiento?

Efectivamente. Como hemos dicho antes, una de nuestras prioridades es ser reconocidos como voz técnica autorizada, rigurosa e independiente. Para ello queremos fortalecer los grupos de trabajo, crear un auténtico think tank tecnológico capaz de elaborar informes estratégicos de referencia y participar activamente en consultas públicas, procesos regulatorios y debates sobre tecnología y su impacto social.

La sociedad necesita referentes que aporten criterio técnico sólido a la vez que con un sentido ético y visión humanista. Creemos que los Ingenieros de Telecomunicación son los profesionales que pueden hacerlo y el Colegio tiene la responsabilidad de asumir ese papel. Debemos estar presentes en cualquier debate social en el ámbito tecnológico.

En este sentido vamos a reforzar la conexión y colaboración con las diferentes administraciones, nacionales, regionales y locales de manera que seamos el nexo de unión confiable que canalice un esfuerzo conjunto.

En definitiva, queremos que al finalizar este mandato el COIT no solo siga siendo un mejor colegio profesional, sino que también sea reconocido como la institución de referencia del ecosistema tecnológico español: un lugar imprescindible para los los profesionales del mundo digital y un interlocutor de confianza para empresas, administraciones y sociedad.

La profesión está cambiando muy rápidamente. ¿Cómo puede ayudar el Colegio a los Ingenieros de Telecomunicación en ese nuevo escenario?

Las carreras profesionales son mucho más dinámicas, aparecen continuamente nuevas tecnologías y, aunque nuestro colectivo siempre se ha caracterizado por su versatilidad y ha sabido que la formación continua era la única forma de mantener su capacidad de adaptación al cambio, este momento necesita de un empeño mayor.

Por una parte, creemos que hay que favorecer un cambio flexible de las materias que componen los estudios universitarios. En las profesiones reguladas como la nuestra, el programa formativo está muy definido para asegurar que se adquieren las competencias necesarias para el desarrollo profesional, competencias definidas en órdenes ministeriales (las llamadas Órdenes CIN) que fueron publicadas en el año 2009.

Pero en la actualidad, esas competencias se han ampliado considerablemente con nuevos campos, fruto de la continua evolución de las Deep Tech, y las materias correspondientes deben incorporarse necesariamente para ofrecer la formación adecuada. Ese será uno de nuestros objetivos.

Por otro lado, cada vez resulta más importante combinar conocimientos técnicos con capacidades de liderazgo, gestión o emprendimiento. Queremos acompañar al profesional durante toda su trayectoria ofreciendo el apoyo necesario en las distintas facetas del desarrollo profesional del ingeniero que esté abordando.

Eso significa ofrecer formación especializada, programas de mentoring, itinerarios personalizados, apoyo al ejercicio libre, orientación para carreras internacionales y nuevos mecanismos de conexión con empresas y oportunidades profesionales.

 

Nuestro objetivo es un Colegio con una única visión, pero con una presencia cada vez más cercana y activa en todos los territorios y con capacidad de responder a la realidad de cada demarcación

 

Durante estos años también se ha trabajado intensamente en diversidad, vocaciones STEM y relevo generacional. ¿Qué importancia tendrá esta línea de trabajo?

Seguirá siendo una prioridad absoluta. La sostenibilidad de nuestra profesión depende de que consigamos atraer nuevo talento, aumentar la presencia de mujeres en la ingeniería y acompañar mejor a quienes comienzan su carrera profesional.

Iniciativas como Ment-It, Teleco Renta, IT24 o Pioneras_IT, que ya estamos llevado a cabo, han demostrado que el Colegio puede generar un impacto muy positivo en el aumento de vocaciones en el ámbito tecnológico. Queremos ampliar su alcance de forma global, llegando a todos los lugares a través de nuestra estructura territorial.

La diversidad no es únicamente una cuestión de igualdad; es también un factor de innovación y competitividad para todo el sector tecnológico.

El nuevo equipo combina continuidad y renovación. ¿Qué aporta esa composición?

El equipo es una de nuestras principales fortalezas. Contamos con personas que han liderado la transformación del Colegio durante estos años y que aportan experiencia en la gestión institucional, pero también se incorporan nuevos profesionales procedentes de empresas, universidades, administraciones, emprendimiento y centros de investigación. Cubrimos todos los perfiles de desarrollo profesional.

Se trata de un equipo en el que conviven experiencia y renovación, liderazgo en lo público y en lo privado, veteranía y juventud, mujeres y hombres, representando además a todos los territorios.

En definitiva, somos un equipo que refleja la realidad plural del colectivo al que representa y que, por ello, está especialmente capacitado para comprender y responder a sus necesidades.

Creemos que esa combinación de experiencia, renovación y pluralidad es la mejor garantía para afrontar los retos que tenemos por delante.

 

 

La soberanía tecnológica se ha convertido en una cuestión estratégica para España y para Europa. ¿Cuáles son los retos que se deben abordar?

Hoy sabemos que la capacidad de un país para decidir con autonomía, proteger su economía y garantizar su seguridad depende, en gran medida, de disponer de capacidades propias en tecnologías críticas como los semiconductores, la inteligencia artificial, las telecomunicaciones, la ciberseguridad…

La pandemia de la COVID-19 fue un punto de inflexión. La escasez mundial de semiconductores paralizó durante meses cadenas de producción enteras en sectores como la automoción, la electrónica o las telecomunicaciones. Descubrimos hasta qué punto nuestras economías dependían de un reducido número de fabricantes concentrados en determinadas regiones del mundo. Aquella crisis puso de manifiesto que los chips son hoy un recurso estratégico, tan esencial para el funcionamiento de un país como la energía o las infraestructuras de transporte.

A ello se ha sumado un contexto geopolítico cada vez más complejo. Los conflictos internacionales han demostrado que las infraestructuras digitales, las comunicaciones seguras, la ciberseguridad, los satélites o la inteligencia artificial son elementos esenciales para la seguridad y la defensa. Disponer de capacidades propias se ha convertido en una cuestión de resiliencia y de autonomía estratégica.

Ahora bien, la respuesta no pasa por el aislamiento ni por fabricar todo dentro de Europa. Aparte de que sería imposible, vivimos en una economía global y debemos seguir colaborando con nuestros socios internacionales en un contexto de confianza estratégica.

Así, el verdadero objetivo no es la independencia tecnológica absoluta, sino disponer de capacidades propias en aquellas tecnologías estratégicas que reduzcan dependencias críticas, diversifiquen los suministros y permitan a Europa tomar decisiones desde la autonomía y no desde la dependencia.

Europa cuenta con importantes fortalezas: un excelente sistema científico, universidades de referencia, grandes empresas con potencial innovador y un sólido marco de protección de los derechos fundamentales. Sin embargo, también tiene deberes pendientes. Debe mejorar su capacidad para transformar el conocimiento y el talento que genera en empresas tecnológicas de dimensión global, capaces de competir y liderar los mercados internacionales. Y para ello, debe atraer más inversión, acelerar la transferencia de conocimiento al mercado y convertir la investigación en industria, innovación y empleo de alto valor añadido. Esa debe ser una prioridad estratégica para Europa durante la próxima década.

España también tiene una oportunidad extraordinaria y así lo ha entendido con algunas de las apuestas realizadas durante estos últimos años utilizando los fondos de recuperación y resiliencia.

Disponemos de infraestructuras digitales avanzadas, con un despliegue de red que es la envidia de toda Europa. Tenemos profesionales altamente cualificados y una posición relevante en ámbitos como las telecomunicaciones, la ciberseguridad, el espacio o los centros de datos.

El reto consiste en reforzar la inversión en investigación e innovación, favorecer la colaboración entre universidades, empresas y administraciones y desarrollar capacidades industriales en aquellas áreas donde podemos aportar un valor diferencial.

Por eso, ahora más que nunca hay que mantener las apuestas realizadas, financiando las iniciativas que se pusieron en marcha. No podemos pensar que unos pocos años crearán la inercia suficiente en ámbitos tan complejos a la vez que estratégicos.

Y en este escenario ¿qué papel deben desempeñar los Ingenieros de Telecomunicación?

Su papel resulta fundamental. Es imprescindible incorporar conocimiento técnico para comprender las oportunidades, los riesgos y las implicaciones de cada decisión. Así, debemos contribuir al diseño de las políticas públicas, participar en la elaboración de la regulación y aportar una visión rigurosa e independiente en los grandes debates tecnológicos.

Por otra parte, la tecnología debe estar siempre al servicio de las personas. Nuestro objetivo último no es desarrollar más tecnología, sino utilizarla para mejorar la calidad de vida y generar oportunidades para toda la sociedad.

Así, junto a la excelencia técnica, necesitamos una visión ética y humanista. Los profesionales debemos preguntarnos no solo qué tecnologías somos capaces de desarrollar, sino también cómo afectan a las personas, cómo protegen sus derechos fundamentales, cómo reducen desigualdades y cómo contribuyen al bien común. La privacidad, la seguridad, la transparencia, la accesibilidad o el impacto social deben formar parte del diseño de cualquier solución tecnológica.

Los Ingenieros e Ingenieras de Telecomunicación debemos poner nuestro conocimiento al servicio de una tecnología que genere valor económico, pero sobre todo bienestar, cohesión social y nuevas oportunidades para las personas.

Comparte