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Los operadores de telecomunicaciones ante el nuevo cambio de paradigma

Manuel Augusto Muñoz

Director de Operación y Mantenimiento de Red en Orange.

Los operadores de telecomunicaciones ante el nuevo cambio de paradigma

La llegada y posterior expansión de la telefonía móvil revolucionó el mercado de las telecomunicaciones. Desde entonces las grandes operadoras se han ido adaptando para dar respuesta a la demanda de los usuarios tanto en calidad como en variedad de servicios. Y ahora se enfrentan a un nuevo cambio de paradigma.

Desde la irrupción de la telefonía móvil a finales de los 90, hemos vivido circunstancias muy diversas. En los primeros años fuimos testigos de un crecimiento insólito, auspiciado por una demanda que superaba todas las expectativas. Mientras que el número de SIMs crecía de forma desorbitada, los operadores del momento se afanaban por ganar la batalla de dotar de cobertura a su red antes que su competidor.

Los usuarios asumían las carencias en la calidad y disponibilidad valorando el simple hecho de poder realizar una llamada in itinere. Las labores de planificación cobraban notable importancia y los ingenieros se empeñaban en incrementar el área de influencia de la red a poco que las condiciones de propagación lo permitieran, lo que a veces estaba reñido con la reutilización de frecuencias.

3G, 4G y contenidos multimedia
El 3G parecía representar un cambio de paradigma: estaba destinado a consolidar definitivamente la red móvil como un medio de transferencia de datos, dejando de limitarse al establecimiento de llamadas de voz. La primera subasta para la atribución de frecuencias trajo consigo la adquisición de ciertos compromisos por parte de los operadores para mejorar a malograda cobertura en poblaciones de menor entidad y vías de comunicación.

Las mayores capacidades móviles y la difusión de contenidos en streaming pusieron a prueba nuestras redes, y los operadores invirtieron en mejorar las redes de transmisión

Cierto es que la implantación de esta tecnología se dilató más de lo que en un principio se esperaba, incluso el operador que hoy identificamos como Másmovil, en sus tiempos Xfera, atesoró largo tiempo su licencia como su gran activo, acometiendo en la práctica contadas implantaciones en los primeros años.

Parecía que el 4G consolidaría definitivamente la posibilidad de trasmitir información a través de la red móvil y es ahí donde algunos operadores identificaron la potencial fórmula para monetizar la inversión: si con esta tecnología llegamos a todos con un throughput suficiente, sería posible abandonar los planes de despliegues de redes fijas y captar estos clientes sin afrontar las costosas inversiones en canalizaciones y postes. “La vida es móvil, móvil es Vodafone” se atrevió a decir el operador que pasó a gestionar la red de anteriormente conocida como Airtel.

En cambio, no fue así. Pronto tomaríamos conciencia de que las redes móviles tardarían en dotar de las capacidades que las nuevas y disruptivas redes de FTTH eran capaces de aportar.

El nuevo modelo de negocio se fundamentaba en comercializar servicios de televisión, y fue Telefónica la que bajo el término ‘Fusión’ estableció un nuevo contexto en el que la red fija y los contenidos multimedia pasaban a ocupar un papel de mayor relevancia.

Los que me conozcáis entenderéis que en este punto no puedo pasar por alto la apuesta que hizo en su momento Jazztel por llevar la fibra a cada rincón de España en uno de los proyectos más ambiciosos que se hayan acometido.

Es el momento de poner a prueba las infraestructuras sobre las que llevamos años trabajando

Compras y redes compartidas
Los operadores comenzaron a alcanzar acuerdos por compartir su red e incrementar su capacidad de despliegue balanceando nuevamente el peso de su inversión nuevamente hacia la red de fijas.

En los próximos años los diferentes operadores buscarían el modo de incorporar una red fija de alto valor a sus activos de red y se cerraron importantes operaciones como en el caso de Vodafone con la compra de Ono o de Orange con la compra de Jazztel; de algún modo, este último movimiento promovió que una pequeña parte de la red de Orange pasase a manos de Masmóvil.

Por otro lado, las mayores capacidades móviles y la difusión de contenidos en streaming pusieron a prueba nuestras redes, y los operadores invirtieron en mejorar las redes de transmisión, relegando la opción de la conectividad por radio enlace frente a opciones de conectividad por fibra (FTTN).

Las nuevas posibilidades que ofrecían estas redes de alta capacidad, animaron a administraciones de diferente nivel a desarrollar infraestructuras de red para interconectar sus sedes a la par que licitaban la preparación de planes directores que le permitirían acceder a fondos europeos con los que acometer procesos de modernización y mejora de su infraestructura de comunicaciones y servicios, acuñando el término de ‘ciudad inteligente’.

Hemos pasado de valorar por encima de cualquier aspecto el valor estratégico de nuestra infraestructura de red a ver el modo de compartirla, entendiendo así que el valor que podemos aportar se fundamenta en los servicios y soluciones que podremos dar en el futuro.

¿Transformaremos los operadores nuestro modelo de negocio incorporando nuevos servicios? Muy probablemente sí.

Sobre lo anterior cabe indicar que el mayor cambio vendrá por el hecho de incorporar como clientes a grandes compañías proveedoras de servicios que harán uso de nuestra infraestructura y que proveerán de servicios a los usuarios de sectores que ya visualizamos, como la automoción, los videojuegos, la agricultura… y otros que sin duda nos sorprenderán. La pregunta es ¿transformaremos los operadores nuestro modelo de negocio incorporando nuevos servicios? Pues muy probablemente sí. ¿Acaso nos imaginábamos que una compañía de telecomunicaciones acabaría siendo productora de contenidos, vendiendo alarmas, comercializando soluciones de ciberseguridad u ofreciendo préstamos? Obviamente hace unos años esto era impensable.

Precisamente la escisión de los grandes operadores en dos grandes compañías, una centrada en la gestión de infraestructuras y otra dedicada a gestionar servicios, es una muestra evidente de ello, como lo es el hecho de que las funcionalidades de la nueva tecnología 5G no están destinadas a mejorar los servicios del usuario de a pie, para el que la red ya aporta todas la capacidades suficientes y a los que ya se aplican fórmulas de facturación de tarifa plana, sino a aportar a empresas un contexto sobre el que permitir el desarrollo del tejido empresarial.

Cambio de paradigma
Existe, pues, un cambio de paradigma en el modelo de prestación de servicios que aplica a los operadores de telecomunicaciones. Son varios los factores que contribuyen a este cambio de enfoque, entre ellos:

  • Potencialidad de evolución hacia nuevos demandantes del servicio.
  • Cambio en los criterios de evaluación de la calidad del servicio por parte de los usuarios finales.
  • Desarrollo de aplicaciones que requieren de nuevos requisitos.
  • Necesidad de interoperabilidad entre medios de transmisión heterogéneos. Necesidad de optimización y eficiencia en el uso del espectro radioeléctrico.

 

Nos corresponde sin duda a los operadores asumir el reto de esta nueva y revolucionaria transformación, para la que ya no sirven las agresivas campañas publicitarias o las ofertas lowcost: es el momento de poner a prueba las infraestructuras sobre las que llevamos años trabajando.

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