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María Camaño

María Camaño

Ingeniera de Telecomunicación y bailarina

Más allá de la profesión

María Camaño. La danza para la ingeniería y la ingeniería para la danza

Existe una idea preconcebida de que los ingenieros no tienen la suficiente emocionalidad como para ser artistas y de que los artistas no tienen la suficiente racionalidad como para ser ingenieros. Esta idea, en la experiencia de María Camaño, es profundamente errónea. No solo es que las artes y la ingeniería puedan convivir en una misma persona, sino que son un complemento idóneo la una de la otra. Nos lo cuenta la propia María en este artículo.

En mi caso, el hecho de que la ingeniería y la danza se complementan lo veo reflejado gracias a la danza española, disciplina que he tenido la suerte de poder estudiar y trabajar mucho antes de decidirme por los estudios tan apasionantes de la Ingeniería de Telecomunicación.

La danza para la ingeniería…

Más allá de las incontables horas de ensayo y educación del cuerpo, la danza me ha regalado habilidades que me permiten ser quien soy hoy en todos los ámbitos de mi vida, incluyendo las telecomunicaciones.

Desde siempre, ya en el colegio y en el instituto, he podido desarrollar un gran sentido de responsabilidad y, lo más importante para mí, la disciplina. Todos mis compañeros siempre me han dicho que parece que mis días tienen más de veinticuatro horas, y es que, como me dijo una vez un profesor de instituto, “las personas que menos tiempo tienen son las que más cosas son capaces de hacer”.

En este sentido, las circunstancias que genera compaginar los estudios con una actividad tan exigente como el conservatorio me han empujado a trabajar mis habilidades de gestión, preparándome, sin darme cuenta, para una carrera donde son esenciales.

 

Para mí, es enormemente ilusionante poder compartir y ayudar a difundir la idea de que las artes son un complemento perfecto para la ingeniería

 

Algo muy importante que la danza me ha enseñado es que, si quiero realmente progresar en algo, tengo que ir más allá de lo que se espera de mí. Uno de mis maestros del conservatorio nos decía: “si ves que los demás pueden hacerlo, eso significa que tú también puedes, y si nadie puede, entonces puedes ser la primera en conseguirlo”. Estas palabras han sido mi empuje incontables veces durante mi carrera, especialmente a la hora de enfrentarme a problemas que no habían sido resueltos antes.

La danza me ha educado para ser una eterna inconformista porque ‘siempre se puede un poco más’. El movimiento siempre puede ser un poco más correcto, el salto siempre puede ser un poco más ligero y siempre se puede girar una vuelta más.

Esto para mí implica que siempre se puede aprender más, nunca llegando a saberlo todo, con lo que, por mucho que se terminen los estudios, siempre seré alumna y siempre estaré formándome y aprendiendo de otros, tengan más, menos o la misma experiencia que yo.

Aunque todas estas enseñanzas, y muchas otras que no menciono en este artículo, tienen para mí un gran valor, sin duda, la habilidad más relevante y aplicable a la ingeniería que he desarrollado gracias a la danza es la capacidad de resolución de problemas. En el mundo del tablao, donde, bajo unos principios, todo se basa en una comunicación entre los músicos y los bailaores improvisada y en tiempo real, es imprescindible tener la capacidad de, utilizando recursos conocidos, resolver imprevistos de forma creativa. Para mí, este es, precisamente, el reflejo del papel del ingeniero en la sociedad.

 

 

… y la ingeniería para la danza

Podría parecer que una disciplina tan matemática y racional como la ingeniería no puede aportar beneficios a la danza. Sin embargo, he experimentado que es posible aplicar muchos conceptos aprendidos de la ingeniería a mi desarrollo como bailarina.

Por ejemplo, trabajar la depuración de sistemas ha sido una constante en todas las áreas de estudio en la carrera, ya fueran sistemas telemáticos, electrónicos, matemáticos… He visto que esta capacidad de análisis y búsqueda de errores me ha convertido en una mejor bailarina, capaz de analizar y comparar la ejecución de mis maestros, mis compañeros y otros bailarines con la mía propia, enriqueciendo mi técnica con detalles que otros comparten conmigo.

Uno de los aspectos que más admiro de los ingenieros experimentados es la posesión de conocimientos de múltiples áreas distintas junto con la capacidad de integrarlos en un mismo proyecto.

 

La habilidad más relevante y aplicable a la ingeniería que he desarrollado gracias a la danza es la capacidad de resolución de problemas

 

He visto que las ideas más ingeniosas e inesperadas vienen mayormente de personas que, lejos de centrarse únicamente en un solo proyecto, piensan out-of-the-box e incorporan conceptos de otras áreas. En la dimensión artística, me ayuda a considerar siempre enfoques nuevos y a buscar inspiración en situaciones que no había considerado en un primer momento.

Por otra parte, algo que he aprendido de mi trabajo es la importancia de crear siempre, como primer paso, un producto mínimo viable. Muchas veces me he encontrado con que mi propio perfeccionismo y la esperanza de conseguir el resultado final en la primera iteración del proceso me han llevado a estancar mis proyectos, mientras que la creación de una primera versión básica y el posterior trabajo sobre la misma me ha dado mucho mejores resultados, tanto en mi trabajo como en la preparación de mis recursos para el tablao.

Para mí, es enormemente ilusionante poder compartir y ayudar a difundir la idea de que las artes son un complemento perfecto para la ingeniería. Es cierto que la carrera de Ingeniería de Telecomunicación me ha dado los conocimientos necesarios, pero ha sido la danza la que me ha abierto las puertas para poder ser ingeniera.

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