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Tribuna

José Luis Adanero

José Luis Adanero

Ingeniero de Telecomunicación

El renacer de China: las claves de de su desarrollo

La denominada ‘paciencia estratégica’ es una característica fundamental del pueblo chino

En apenas medio siglo, China ha protagonizado una de las transformaciones económicas y políticas más profundas de la historia contemporánea. En 1978, apenas generaba el 3% de la riqueza mundial. En 2024, había ascendido al 15,4%.

 

Este cambio se puede explicar a través del conocimiento de los cinco pilares básicos, en los que se basa: la historia y los movimientos filosóficos que la han acompañado, su modelo político y económico y por último el culto a la tecnología del pueblo chino.

China se ha situado a lo largo de la historia durante casi 19 siglos en el centro del mundo; “la centralidad”. China se mantuvo durante todo ese periodo encerrada en sí misma. La revolución industrial de la segunda mitad del siglo XIX les paso desapercibida. Los británicos humillaron a los chinos en la guerra del opio, fueron los barcos de acero los que se enfrentaron a los barcos de madera chinos. Fue la tecnología la que les hizo perder la guerra primero contra los ingleses y después contra Japón.

La denominada ‘paciencia estratégica’, es decir la capacidad de esperar a la consecución de un objetivo, aprendida también a lo largo de la historia, es una característica fundamental del pueblo chino, junto con la necesidad de preservar la integridad de la nación. El Gobierno chino, consciente de las pretensiones históricas de la sociedad, ha fijado entre otros, los siguientes objetivos fundamentales: devolver al país ‘la centralidad’ (vuelta al liderazgo mundial); recuperar la actual fragmentación del país (Taiwán y Hong Kong); necesidad de liderar el desarrollo de la tecnología, y hacer de la ‘paciencia estratégica’ una herramienta para la planificación a corto, medio y largo plazo.

Las principales corrientes filosóficas que han tenido arraigo en China han sido a lo largo de los siglos el taoísmo, el confucianismo y el legalismo. El taoísmo defendió la idea de la armonía.  El confucianismo se centro en el respeto a la jerarquía. El legalismo sostuvo que el orden se mantiene con las leyes estrictas. En la época imperial se expandió el budismo que introdujo una visión más espiritual y metafísica del individuo. En la época moderna China con la apertura al mundo occidental surgió el marxismo.

 

 

Los chinos han elegido de cada corriente filosófica aquello que más les conviene ‘sincretismo’. La autoexigencia es una de las características más importantes de la personalidad del pueblo chino, valores arraigados en el taoísmo y el confucianismo. Priorizan la armonía, tratan de evitar conflictos, características de influencia taoísta y budista. Reconocen la jerarquía de los dirigentes políticos. La meritocracia forma parte del ADN de la sociedad china.

El comunismo fue adoptado en China en el año 1921. Fue en Shanghai donde un grupo muy reducido de personas fundaron el Partido Comunista. Hoy hay 87 millones de comunistas en China. El socialismo chino de hoy nada tiene que ver con las tesis de Marx o de Engels.

En Europa fue la cultura judío-cristiana la que inspiro los principios básicos de las sociedades democráticas. En China es la armonía social, el mayor culto a lo colectivo. Es el Gobierno chino el que vela por el bienestar social de la comunidad. En Europa la soberanía está en el pueblo, en China la soberanía (legitimidad) está en el Partido Comunista (PCCh), que es el centro real del poder político, por encima de las instituciones estatales formales. En la época de Xi Jinping, -últimos doce años-, se ha reforzado el poder centralizado del PCCh, y la idea del ‘socialismo con características chinas’ se ha fortalecido. En la práctica, el modelo político y económico chino es una combinación de autoritarismo de partido único, y en lo económico de un capitalismo de Estado.

El modelo de desarrollo

El modelo de desarrollo económico actual de China tiene su origen en Deng Xiaoping. En 1978 se impulso un nuevo modelo económico que ha venido a llamarse de ‘apertura y reforma’, que transformó el modelo de economía planificada en un modelo de ‘socialismo con características chinas’, incorporando elementos de la economía de mercado propio de los países capitalistas. Deng abandono el modelo marxista fallido priorizando el crecimiento económico sobre la ideología. Además de realizar importantes reformas agrarias impulsó cambios fundamentales en la industria, descentralizó la gestión de las empresas estatales, permitió la creación de empresas privadas y permitió la apertura al exterior y la creación de Zonas Económicas Especiales.

El PCCh influye en la economía china de forma directa y estructural a través de la planificación, diseña instrumentos de control sobre la gran mayoría de las empresas estatales, actuando también sobre el sector privado según sus prioridades políticas. Hoy, usa subvenciones y apoyo crediticio en las empresas en sectores prioritarios. Las industrias relacionadas con las energías verdes, los semiconductores, las baterías y vehículos eléctricos, la computación cuántica, las tierras raras, entre otras, forman parte de esa estrategia.

China se abrió al mundo exterior incorporándose a diferentes organizaciones internacionales, se incorporo al Banco Mundial en 1991 ingreso en el G-20 en 1999 y en la Organización Mundial del Comercio en 2001, después de 15 años de negociaciones.  El PIB de China se ha multiplicado por 11 entre 2001 y 2021, pasando de la sexta a la segunda economía mundial.

Tecnología: motor del desarrollo

Hoy, el poder de las naciones reside en el poder de su tecnología. La tecnología es el principal factor del dominio económico y militar. Aquellos países que dominen las nuevas tecnologías como la IA, la robótica, los semiconductores, el almacenamiento energético, las energías limpias, los drones y vehículos eléctricos, la computación cuántica, la fotónica, las tecnologías de comunicaciones móviles, las tierras raras, entre otros, tendrán el dominio del mundo. Los programas ‘made in China 2025’ y ‘la ruta de la seda’ reflejan la visión estratégica de China a medio plazo.

En 2025, Pekín representó el 70% de la producción mundial de electrónica de consumo, 90% de la fabricación de drones comerciales, 35% de la producción mundial de semiconductores (junto a Taiwán representa el 70%) y 54% de todos los robots instalados en el mundo, además de controlar el 90% de las tierras raras del planeta (obtención y procesado) y fabricar el 70% de las baterías del mundo. La industria manufacturera china representa el 28% del PIB, mientras que en USA y Europa no alcanza el 14%. En el año 2025 ha sido el primer país del mundo en la obtención de patentes.

En el 15º Plan Quinquenal presentado en el pasado mes de marzo, no solo mantiene el rumbo de la apuesta por la tecnología, sino que incrementa su esfuerzo. China (país en manos de ingenieros) ha convertido la innovación tecnológica en el ‘campo de batalla’ de la competencia por el poder.

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