Los proyectos estrella en este momento, por sus resultados y también por ser los más conocidos por el público, son los que se refieren al ámbito aeroespacial y a la IA. Realmente son asombrosas sus realidades y sus posibilidades. Son campos con brillo propio que han seguido estelas paralelas.
Aeroespacial e IA
Estos dos sectores son fuente inagotable de innovación, de exhibición de talento y son radicalmente distintos en su origen, financiación y objetivos. Quizá comparten el afán de ser los más fuertes y ser los primeros entre sus pares. Difieren en todo lo demás.
En el siglo pasado coincidieron sus trabajos en la década de los sesenta. En aquel momento, las investigaciones en IA no eran conocidas por el público y sus primeros logros en esa década no traspasaron los muros de la universidad. La novedad que suponían sus objetivos dio lugar a unas expectativas que no se cumplieron. Lo importante es que se iniciaron unos trabajos que, con diferentes altibajos y enfoques a lo largo del tiempo, han fructificado en su indiscutible y a veces controvertido éxito actual.
El campo aeroespacial, en cambio, tuvo en esa época resultados espectaculares, medibles y visibles. Era fácil de entender para cualquiera, cuáles eran los retos a los que se estaba haciendo frente. La inversión de la NASA llegó a ser casi el 4,4% del presupuesto federal estadounidense. Era una inversión estatal guiada, principalmente, por la estrategia geopolítica del momento. Era la respuesta al lanzamiento por parte de la URSS, su competidor ideológico, del primer satélite artificial de la historia, el Sputnik 1. Cuando la URSS dejó de ser una amenaza al liderazgo en tecnología espacial, se cambiaron las prioridades. Desde ese momento, hasta la reciente misión ARTEMIS II, se trabajó en objetivos menos costosos.
En estos momentos, el campo aeroespacial y la IA tienen logros que coinciden en el tiempo. Ambos campos muestran grandes diferencias en su desarrollo y en sus objetivos. El espacio sigue siendo un dominio de especialistas, pero sus logros son conocidos y objeto de admiración popular. La IA intenta ser una herramienta utilizada, no solo para resolver problemas complejos, sino accesible y útil para cualquiera. Hay claroscuros en ambos ámbitos. El principal es quién los controla y con qué objetivo.
Retorno de las inversiones
El análisis comparativo del retorno de la inversión revela diferencias importantes entre ambos sectores. El programa espacial de los años sesenta funcionó predominantemente como un motor diseñado para elevar las capacidades del tejido industrial y científico, sin esperar retornos monetarios para las arcas públicas.
Muchas de las novedades utilísimas que impregnan nuestra vida cotidiana son derivadas de diseños hechos para resolver los problemas que surgen al trabajar en el espacio. La lista es larga. Son un ejemplo las microcámaras para endoscopias, las lentes resistentes a rayaduras, el aspirador ‘dustbuster’ y otras herramientas domésticas inalámbricas, la espuma viscoelástica, los sistemas de purificación de agua o la ortodoncia invisible.
El modelo de negocio contemporáneo de la IA es completamente diferente al aeroespacial. La IA busca retornos financieros directos. Las inversiones en equipamiento y en el entrenamiento de los modelos más nuevos alcanza cifras récord por parte de los principales actores de esta industria. Se esperan importantes retornos que todavía no llegan. La posibilidad de burbuja es evidente, pero no todas las empresas tienen el mismo riesgo. Las mejores posicionadas son las que pueden sufragar las inversiones, con los enormes beneficios de sus otros negocios de éxito mundial.
Negocios diferentes
El sector aeroespacial está cambiando. Primero porque se están abaratando drásticamente los costes de lanzamiento gracias a los cohetes reutilizables. Otro dato relevante es que el capital privado ha entrado con fuerza. Los objetivos de la NASA a medio plazo son ambiciosos y difíciles.
La agencia contratará a empresas privadas para misiones destinadas a establecer una colonia humana permanente en la luna. Esta base lunar será la plataforma para llevar astronautas a Marte; un objetivo que genera muchas dudas por su extrema complejidad. El propósito estratégico es mantener la superioridad en el espacio, cuando China avanza rápido en su programa espacial.
Este es un sector exigente y riguroso que demanda cero errores. Sus objetivos son precisos, medibles y tangibles; difíciles y arriesgados, se necesitan años para lograrlos.
La IA es un sector de desarrollos rápidos, con una fuerte competencia entre empresas. Los objetivos que se consiguen son éxito de corta duración; rápidamente se alcanza otro que opaca al anterior. Sus resultados no son objetos que se toquen o se vean; se utilizan. Desde fuera del sector, se ve una caja negra donde nadie sabe realmente lo que pasa.
Los desarrollos más innovadores (IA de frontera) son ya capaces de resolver problemas para los que no han sido entrenados. Es un campo potente y prometedor con numerosas derivadas que tiene que ayudar a resolver los problemas sociales que está creando su uso masivo. Tampoco es fácil decidir cuándo se deja actuar a una IA, entrenada para gestionar eventos críticos, a una velocidad que escapa al control humano.
Hay profesionales de nuestro país trabajando en ambos sectores. Una parte lo hace en España y otra lo hace en el extranjero. No hay datos fiables del número en cada caso. Sería interesante, dada la importancia estratégica de estas disciplinas, que se organizaran jornadas donde se intercambiaran experiencias y opiniones entre profesionales de cada sector. El punto de vista de quienes conocen desde dentro, y en diversos países, los objetivos y estrategias más prometedoras, ayudarían a la toma de decisiones en educación y en la industria.
