Edadismo es echar a la gente de su empresa por razón de edad, dejarla fuera del sistema sin ningún pudor, y minusvalorar su conocimiento y experiencia. Decía Einstein, por cierto, que la experiencia es la fuente de conocimiento, ahora que estamos tan obsesionados con eso…
¿Y por qué esta sociedad actúa así? ¿Será por culpa de la econocracia y el hiperactivismo? ¿Será que el cuánto tienes, cuánto vales, se ha convertido en una especie de axioma, en un antivalor supremo?
Pues me opongo. Y además, no soy el único. Nos oponemos a expulsar a la gente por cumplir más de diez lustros, por ser presuntamente improductivos, por decir que somos muy caros. ¡Ya está bien! No somos personas de usar y tirar. Estudiamos al menos seis añitos para formarnos una ‘jartá’, adquirimos esos conocimientos e incompetencias que nos pidieron, sacamos adelante no sé cuántos marrones en la empresa en la que nos contrataron. Y ahora, ¡vas y me echas!
Lo siento por ti, empresario sin escrúpulos, irresponsable de recursos no humanos. ¡Yo no soy un recurso! Soy una persona, infinitamente más valiosa que tu empresa, aunque ocupe la posición ‘no sé cuál’ en ese índice pernicioso.
¿Es que no eres capaz de hablar conmigo y ver juntos todo lo que puedo aportar? ¿No será que desconoces mi talento y mis talentos? ¿De verdad piensas que no soy más que un número o un gasto mensual?
Abre los ojos, abre las orejas, abre la razón y el corazón, y escucha.
El talento, va lento ante la prisa, reflexiona ante la sinrazón e intuye con una velocidad, basada en la experiencia, que ya quisieran todas esas no inteligencias artificiosas. El talento no se somete a la autarquía del jefecillo, es crítico con fundamento y aprovecha su experiencia para plantear soluciones que a otros no se le ocurren.
¿Cuál es mi talento? ¿Cuáles son los tuyos?
Cooperar, aportar, no tirar la toalla, pensar en el otro, ser persona…
Me hablas de creatividad, pues yo soy creativo. Me hablas de productividad, pues yo produzco lo que no imaginas. Me hablas de experiencia, pues yo he experimentado durante décadas.
Pero tú estás en otra onda. Una onda transitoria que no busca transmitir la información que ayudará al conocimiento. Una onda cuya portadora es el euro y no el saber. Una onda que no comunica, que solo ondula per se, sin saber para qué ni para quién. ¿Es tu onda la de los derechos humanos, la de la inclusión laboral, la de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas?
Te sugiero que modules de otra manera, que escuches en una Frecuencia Modulada por el saber humano, por lo que tanto aporté y puedo aportar a las generaciones venideras. Entenderás que soy generativo, que busco transmitir lo mejor y en una longitud de onda comprensible y beneficiosa, aunque no envíe terabits por segundo.
Te sugiero que empatices con lo importante, que descubras la multiplicidad de talentos y la diversidad, porque las personas mayores de cincuenta somos muy heterogéneas y con gran compromiso y capacidad de aportar.
Te sugiero que leas, que descubras en el otro una señal que no es ruido, que porta conocimiento, trabajo en equipo y la tan cacareada innovación. Una señal original y con valor añadido para la sociedad, para tus clientes, y para nuestros compañeros, los que formamos parte de esta entidad.
El talento 50+ es un tangible intangible, una intuición basada en conocimiento basado en experiencia, una capacidad de leer entre líneas, lo que, etimológicamente, sería la inteligencia.
Porque hoy hablamos de inteligencia múltiple, de inteligencia social, de inteligencia colectiva y no sólo de capacidad de cálculo o de memoria. Esta es la inteligencia personal, humana y natural que podemos aportar a tu organización. Esta es la que marca la diferencia y no solo unos conocimientos técnicos, por muy valiosos que sean.
Despídeme y valora lo que pierdes. Olvida mi saber y mi conocimiento, que nunca almacenarás ni en una base de datos, ni en un documento, ni en una hoja de cálculo.
Y mañana preguntarás por qué se hizo no sé que cosa, por qué se tomó esa decisión o quién la tomó. Y no encontrarás la respuesta.
Porque la respuesta estaba en mí. Y aunque la compartí, no la escuchaste, abducido por la pantallita y el correo electrónico.
Cuenta conmigo, y así mejoraremos esta sociedad.
