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Tribuna

Javier Domínguez

Javier Domínguez

Ingeniero de Telecomunicación

Redes líquidas y nubes ¿Hecho por software?

Medio siglo de funcionamiento permite proclamar la versatilidad y eficiencia de las redes líquidas que se sustentan con el software de comunicaciones y de autogestión

La utilización intensiva del software ha transformado el diseño, la implantación y la gestión de las redes y servicios de telecomunicación. También, ha estimulado la inventiva de productos digitales y la innovación en su cómplice el hardware.

Cuentan que el software representa más del 80% de la esencia de las redes y servicios de telecomunicación. No encuentro detalles sobre el cálculo, pero sospecho que al espectacular predominio contribuye significativamente el software dedicado a las comunicaciones y a la gestión de los sistemas. Y la evolución no se detiene: hay un esfuerzo constante para extender la virtualización de funciones y aumentar la inteligencia de las arquitecturas.

Esta presencia intensiva del software facilita la apertura de puertas por las que acceder a las oportunidades que ofrece la conectividad. De esta manera, se alienta la creatividad y competencia en el desarrollo de productos digitales. En este empeño sobresale el éxito de las grandes tecnológicas: con su apabullante dominio del software han captado masivamente (y sin sonrojo) el interés de los usuarios de las redes de telecomunicación, provocando el achique de espacios (y la incomodidad) en los operadores.

Ha transcurrido medio siglo desde que, en un universo de tecnologías sólidas, iniciase su andadura por estas tierras un gobierno del software para una red de datos. De tal manera se ha consolidado la tendencia de aquel proyecto pionero que, en el cincuentenario, casi todo lo que entonces parecía sólido se ha evaporado, y podemos proclamar la versatilidad y eficiencia de las redes líquidas: aquellas donde el software ejerce de inteligente materia gris.

Sucede, no obstante, que la liquidez facilita la pérdida de privacidad, la inseguridad y la manipulación emocional. Es así que la ciberseguridad adquiere categoría profesional de interés estratégico.

Desde su absoluto predominio, el software se ha convertido, además, en cómplice del progreso del hardware: favorece la innovación (creativa o destructiva, según se vea) en los móviles y dispositivos inteligentes, y el desarrollo de grandes centros (nubes) de procesamiento de datos que, eso sí, se proyectan acompañados de importantes demandas de recursos energéticos e hídricos.

El ámbito académico ha acompañado a esta radical transformación tecnológica: los fundamentos de la ingeniería del software están acreditados en los planes de estudio de la Ingeniería de Telecomunicación.

Su aprendizaje, nivel de conocimiento y el ánimo emprendedor son rasgos que han facilitado la ampliación del perímetro profesional y caracterizado el salto generacional. Se ha transitado desde el ocasional ‘está hecho por software’ al fervor entusiasta por virtualizar y universalizar funciones en la ‘nube’.

Hoy, en un ambiente repleto de componentes lógicos, incluso es legítimo preguntarse si este texto está, también, hecho por software. El propio software resuelve la duda: existen algoritmos que advierten de contenidos generados con ayuda de la inteligencia artificial. Aceptado el desafío, el resultado de la evaluación declara que este artículo está libre de toda sospecha: ¿será por pertenecer a la vieja generación?

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