La caída de las redes de telecomunicaciones paraliza la actividad económica, genera angustia en las personas por la incapacidad de comunicarse entre ellas y provoca aislamiento entre quienes dependen de ellas para comunicarse con los centros de emergencias, lo que hace que deban ser consideradas a todos los efectos como un conjunto de infraestructuras críticas.
Ante el ‘apagón eléctrico’ cabe preguntarse cuál ha sido el comportamiento de las redes de telecomunicación de los Operadores que prestan servicio en España. La respuesta, en mi opinión, es que el comportamiento de las redes de telecomunicación de los diferentes Operadores y en particular de las redes móviles, no han cumplido con las expectativas que cabría esperar y han dejado incomunicada a la mayor parte de la población. Este hecho, que ha pasado inadvertido en los medios de comunicación, es de extrema gravedad.
Desde que nació la telefonía automática, las redes de telecomunicaciones se han proyectado y construido de modo que la ausencia de corriente eléctrica, por caída del suministro en los equipos que integraban dichas redes (centrales de conmutación, equipos de transmisión por cable o radio) no impedía que siguieran funcionando y consiguientemente brindando el servicio ofrecido, gracias a que se les dotaba de un sistema de alimentación eléctrica de respaldo que entraba en funcionamiento en modo automático al detectar la ausencia de la alimentación principal, desconectándose también de forma automática, cuando se restablecía la alimentación principal. El sistema de respaldo estaba integrado por un grupo electrógeno de autogeneración eléctrica y un banco de baterías de almacenamiento, de la energía generada.
Los terminales telefónicos (teléfonos fijos) que teníamos en nuestros hogares u oficinas, no se alimentaban de la corriente eléctrica del hogar o de la oficina, sino que recibían la corriente de polarización que requerían para su funcionamiento a través del par de hilos que llegaban desde la central de conmutación de la que dependía ese cliente, de forma que se garantizaba la continuidad del servicio telefónico que brindaba, aun en ausencia de corriente eléctrica también en el hogar o en la oficina. De esta forma se disponía de un sistema autónomo de alimentación eléctrica capaz de dar continuidad al servicio ante cualquier ‘apagón eléctrico’.
Las anteriores determinaciones en los proyectos de las redes de telecomunicaciones han constituido principios básicos para los ingenieros encargados de estas tareas, que nadie ha cuestionado desde el inicio de la telefonía automática, y han estado vigentes en nuestro país hasta fechas relativamente cercanas.
La fibra óptica
La llegada de la fibra óptica a los hogares, a la oficina y a la industria, realizada por parte de los Operadores para ofrecer a sus clientes un conjunto de nuevos servicios de banda ancha, ha eliminado la utilización del ‘par de cobre’, y con ello se ha eliminado la posibilidad de alimentar a distancia el terminal de usuario (el teléfono fijo), cuyo uso ha pasado a verse sustituido, en la mayor parte de los casos, por el teléfono móvil.
Así mismo, la necesidad de utilizar un ‘router’ y otros equipos (STB) para bridar los servicios de banda ancha (acceso a internet, vídeo, televisión a la carta, etc.) que requieren ser alimentados localmente, ha hecho que estas redes no puedan ser proyectadas bajo el mismo principio de continuidad del servicio ante un apagón eléctrico, ya que la falta de alimentación de los equipos de usuario imposibilita el mantenimiento del servicio. Hoy las redes de telecomunicación de fibra óptica coexisten con las redes móviles, manteniendo estas una arquitectura independiente, particularmente en el acceso a la misma.
En España, al igual que en otros muchos países, la mayor parte de las personas hacen prácticamente uso exclusivo del teléfono móvil para comunicarse, ya sea a través de la voz, de los mensajes, etc., siendo el teléfono móvil personal el terminal de mayor difusión.
Todos los teléfonos móviles tienen baterías recargables, que ofrecen una autonomía de varias horas, de forma que ante cualquier ‘apagón’ de la red eléctrica como la del pasado día 28 de abril pueden seguir utilizándose hasta que la batería se descargue. Llegados a este punto cabe preguntarse: ¿Por qué entonces las redes móviles dejaron de funcionar, en su práctica totalidad con el ‘apagón eléctrico’?
Algunas estaciones base dejaron de funcionar cuando cayó la energía eléctrica, otras al cabo de algún tiempo cuando las baterías de respaldo agotaron su carga y no disponían de sistemas de autogeneración, o si los tenían, estaban mal mantenidos.
Este evento ha puesto de manifiesto la importancia de disponer en las estaciones base de las redes de telecomunicación, que constituyen el primer eslabón de la conexión de los usuarios con las redes móviles, de sistemas de respaldo de la electricidad eficientes y bien mantenidos para garantizar la continuidad del servicio en el suministro de la energía.
En países como Noruega y Finlandia los reguladores de los servicios de telecomunicaciones NKOM y TRAFICOM, han generado los instrumentos legislativos necesarios para exigir a los Operadores de las redes móviles de sus respectivos países un mínimo de horas de continuidad de su servicio ante la falta de suministro de energía, lo que demuestra que existen soluciones viables técnica y económicamente validas.
Esfuerzos similares se han realizado en Australia, donde su Gobierno ha subvencionado un programa de dotación de medios en un total de 467 estaciones base para garantizar la alimentación de las infraestructuras de un mínimo de 12 horas de respaldo.
En España, a la vista de lo sucedido, corresponde al Gobierno la adaptación de la legislación a la realidad de los hechos y la vigilancia del cumplimiento de la normativa para impedir que un apagón total o parcial en las redes eléctricas no conlleve necesariamente un apagón de las redes móviles de telecomunicaciones.
