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Tribuna

Jose Manuel Arias

José Manuel Arias Calvo

Ingeniero de Telecomunicación. MIT Sloan System Design and Management

Meditación de la técnica en telecomunicaciones

Si el hombre no tuviese una inteligencia capaz de descubrir nuevas relaciones entre las cosas que le rodean, no inventaría instrumentos ni métodos ventajosos

En su ensayo ‘Meditación de la técnica’, José Ortega y Gasset nombra la naturaleza como circunstancia del hombre. En este contexto, establece en un principio la técnica como satisfacer una necesidad. Pero en una segunda revisión la técnica no es adaptación de un sujeto a un medio, sino adaptación de un medio a un sujeto. Sin embargo, en sus propias palabras, “la humanidad ha solido sentir un misterioso terror cósmico hacia los descubrimientos, como si en éstos, junto a sus beneficios, latiese un terrible peligro”.

Para ser ingeniero no basta con ser ingeniero. Es preciso estar alerta y salir del oficio propio. Hay que otear bien el paisaje de la vida. Los actos técnicos deben permitir “el navegar, el volar, el hablar con el antípoda mediante el telégrafo o la radiocomunicación”. La vida no es contemplación, pensamiento y teoría, sino producción y fabricación.

La técnica sólo puede darse como la unificación de dos entes heterogéneos: el hombre y el mundo. Que un hombre logre insertar su ser extra mundano en el otro es un problema casi de ingeniero. La vida es un problema prácticamente de ingeniería. Como decía Ortega, “aprovechar las facilidades que el mundo ofrece para vencer las dificultades que se oponen a la realidad de nuestro programa”.

Ortega también habla de “dominio superabundante sobre la circunstancia”. A todo el mundo se le ocurre advertir que si el hombre no tuviese una inteligencia capaz de descubrir nuevas relaciones entre las cosas que le rodean, no inventaría instrumentos ni métodos ventajosos para satisfacer sus necesidades.

El primitivo no sabe que puede inventar, y porque no lo sabe, su inventar no es un previo y deliberado ‘buscar soluciones’. Es más bien la solución la que lo busca a él. “En el manejo constante e indeliberado de las cosas circundantes se produce de pronto, por puro azar, una situación que da un resultado nuevo y útil”, dice Ortega. Se trataría de la ley biológica ensayo y error, en aplicación al género consciente.

“Lo que un hombre con sus actividades fijas de animal puede hacer lo sabemos de antemano: su horizonte es limitado. Pero lo que pueden hacer las máquinas que el hombre es capaz de inventar es, en principio, ilimitado”, dice el pensador, que aprovecha el contexto para hacer observar a sus lectores que la técnica, al aparecer por un lado como capacidad, en principio ilimitada, hace que al hombre, puesto a vivir de la fe en la técnica y sólo en ella, se le vacíe la vida. El hombre “puede llegar a perder la conciencia de la técnica y de las condiciones, por ejemplo, morales en que ésta se produce”.

Ortega defiende que, si los historiadores alemanes del siglo XIX hubieran sido más hombres políticos o siquiera más ‘hombres de mundo’, acaso la historia fuese hoy ya una ciencia y junto a ella ya existiese una técnica realmente eficaz para actuar sobre los grandes fenómenos colectivos.

¿Estaba de alguna forma Ortega vaticinando el advenimiento de la Inteligencia Artificial (IA)? Una tecnología tan potente como pavorosa, responsable a juzgar por lo que Noval Yuah Harari cuenta en su libro “Nexus” de que algoritmos de redes como Facebook e Instagram hayan propiciado discursos de odio peores que la prostitución y la guerra.

En un mundo donde la IA puede desencadenar genocidios y violaciones, aparece como un instrumento poderoso la nueva ley de IA de la Unión Europea. Se prohíben en primer lugar las aplicaciones y sistemas que supongan un riesgo inaceptable, donde podrían encajar perfectamente discursos de odio como los comentados. En segundo lugar, las aplicaciones de alto riesgo, como una herramienta para el escaneo de currículum que clasifica solicitantes para un empleo, se regulan. Por último, las aplicaciones que no están explícitamente prohibidas o catalogadas como de alto riesgo quedan en gran medida sin regular. Cuidado.

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