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Tribuna

Teresa Pascual

Teresa Pascual Ogueta

Ingeniera de Telecomunicación

“Queremos volver a España”

Se insiste en que si nuestro país no logra retener a profesionales imprescindibles para el desarrollo de áreas clave, tendrá un menor crecimiento económico y perderá competitividad

Con este título tan contundente, una profesional española con una larga carrera internacional describía su desencanto en una tribuna de opinión. Dedicó mucho esfuerzo a enviar solicitudes para trabajar en España, pero nadie le ha respondido. A pesar de todo, volverá porque tiene “un motivo muy poderoso”. Hay quienes se fueron y quieren volver y hay jóvenes con excelente formación que no encuentran aquí lo que buscan y se marchan.

No es la primera vez que hay una salida masiva de personas que buscan una vida mejor en otro país. A mediados de los años 60 del siglo pasado, se estima que casi dos millones de personas se fueron de España; fue la mano de obra que contribuyó a la industrialización de países de Europa occidental, en particular Francia, Alemania y Suiza.

Esta emigración ayudó a aliviar el problema social que se empezaba a gestar aquí. El nivel de paro en España era muy elevado y se podía convertir en un asunto de orden público. Era habitual que, quienes se fueron, enviaran parte de su sueldo para ayudar a la familia.

Estas divisas fueron decisivas para financiar los planes de desarrollo que se iniciaron en España. Las personas que formaron parte de este flujo migratorio, gestionado desde el Instituto Español de Emigración (IEE), contribuyeron con su esfuerzo a la estabilidad social y al desarrollo del país del que tuvieron que partir.

El talento que se marcha

Hay fuga de talento. Eso dicen asociaciones empresariales, fundaciones bancarias y la prensa especializada. En los años 80 y 90 la salida de España de jóvenes con estudios superiores era moderada, coyuntural y generalmente ligada a sectores concretos.

Según datos del INE y del análisis de sus microdatos, realizados entre 2022 y 2023, por la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas, se estima que son entre 30.000 y 40.000 los españoles con titulación superior que emigran cada año. Suponen cerca del 30% del total de emigrantes de nacionalidad española.

Se insiste en que si nuestro país no logra retener a profesionales imprescindibles para el desarrollo de áreas clave, tendrá un menor crecimiento económico y perderá competitividad ante otros países de su tamaño.

Los informes que hablan de la marcha del talento inciden en que la causa principal son los bajos salarios, la precariedad laboral, la falta de estabilidad y la escasez de proyectos innovadores en sectores punteros. El desajuste entre la formación adquirida y la que se requiere es otro factor que incentiva la salida de profesionales. La sobrecualificación en España es la más alta de la Unión Europea, según Eurostat: un 34% de los profesionales ocupa un puesto inferior a su nivel de formación.

El problema no es que profesionales jóvenes se vayan temporalmente a otro país, lo preocupante es que no puedan regresar, aunque lo deseen. Los hechos dicen que aquí no se valora o no se necesita el talento. Desde hace más de veinte años, cada cierto tiempo, empresas intensivas en el uso de tecnologías punteras, despiden a un porcentaje importante de su plantilla. El criterio de selección es la edad, no el talento.

Estos despidos por edad expulsan del país al talento joven. Son inteligentes y se dan cuenta de que, si se quedan, serán obligados a dejar el trabajo al llegar al final de la cuarentena. Hay transmisión de saber cuando el talento maduro y el nuevo conviven. Se adquiere el conocimiento no explícito sobre cómo abordar los problemas, cómo relacionarse dentro de una organización o cómo aprender el ‘saber hacer’. El talento joven aporta mirada fresca y entusiasmo sin desgaste. Los despidos por edad desperdician estas sinergias enriquecedoras.

Marchar, quedarse o volver

Hay talento que se va, otro se queda y una parte no llega a desarrollarse porque sus circunstancias personales lo impiden. Un máster o un doctorado de una universidad prestigiosa es un aval para acceder a puestos profesionales de interés. El acceso a estas universidades extranjeras para ampliar estudios es muy exigente; se compite con talento llegado de cualquier parte del mundo.

Marcharse a otro país no es sencillo. Con el grado recién terminado, hay que dejar familia y amistades, adaptarse a un nuevo idioma, a otras leyes, a otras costumbres y a otros prejuicios. Estos estudios hay que sufragarlos y no todas las economías familiares pueden afrontarlo.

Hay jóvenes que se van de España para ampliar estudios y no vuelven, porque las condiciones profesionales son mejores fuera que las que encuentran aquí.  Para que el talento joven quiera volver para iniciar aquí su vida profesional, sería importante contar con iniciativas coordinadas a nivel estatal, que ayudaran a su vuelta.

Nuestro país parece un puente. Por un lado, salen jóvenes a trabajar a otros países más ricos y, por otro, vienen aquí profesionales de otros lugares menos potentes económicamente.

La vuelta

Hay iniciativas estatales, autonómicas y privadas para recuperar ese talento que se fue joven y quiere volver. El retorno es difícil porque, en gran medida, las condiciones que les empujaron a marcharse siguen ahí, inmutables. Se quejan de la burocracia, de la falta de financiación, de todo eso que no sufren fuera, aunque allí tampoco regalen nada.

La emigración de los años 60 fue una cuestión de Estado y se creó el IEE que coordinaba, ayudaba, asesoraba y negociaba las condiciones de trabajo y de retorno. La vuelta del talento requiere de un organismo similar que asesore, elimine barreras burocráticas y facilite la convalidación de estudios; que proponga incentivos fiscales.

La ‘poderosa razón’ de quien ha dado título a esta tribuna es que su hija pueda vivir en un país sin violencia. El abanico de razones de quienes quieren regresar es amplio y las emocionales y sociales tienen especial preeminencia.

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