Los que entienden de periodismo recomiendan que para disparar la inspiración, escribir corto y no enredarse en el relato hay que encontrar una cuestión certera y motivadora. Pensándolo bien, plantear una pregunta precisa facilita el proceso creativo y ayuda tanto a enfrentarse a una página en blanco como a emprender con éxito o decidir correctamente. Saber preguntar (y preguntarse) es una habilidad que no se estudia en la enseñanza formal, de la misma manera que importa saber ganar y perder, decir que no o poner punto final.
En la prometedora IA generativa (creadora de contenidos mediante la predicción estadística sustentada en la información que ha procesado anteriormente) acertar en la pregunta no es baladí.
Dirán, con razón, que en la respuesta de la máquina lo determinante son el material con que se alimenta y la precisión de las instrucciones (promts) que se le dictan. Surge así la relevancia de los especialistas dedicados a entrenar a los modelos de lenguaje de la IA: dialogan con la máquina para, según el contexto y uso elegido, aportarle información específica, enseñarle cómo comportarse cuando se le interroga y a generar respuestas significativas.
Es un proceso iterativo en el que los entrenadores, a partir del conocimiento de la lógica del modelo, componen y optimizan las instrucciones en función de las respuestas que reciben. De esta manera el adiestramiento sirve, también, para verificar la calidad de la información suministrada y la consistencia de los resultados.
En la IA generativa encontramos un valioso colaborador capaz de procesar y ordenar, a gran velocidad y de manera eficiente, los contenidos con los que la han alimentado. Además, interrogar a una máquina tiene la ventaja de que podemos reformular las preguntas tantas veces como necesitemos hasta obtener resultados útiles, sin que nos asalte el miedo escénico ni el temor por molestar al interlocutor.
Por suerte, la máquina no se rebela y todavía no ha aprendido a captar la ironía de la inscripción: “Cuando teníamos las respuestas nos cambiaron las preguntas”. De vuelta, saber preguntar es una valiosa habilidad, no solo por el ahorro de tiempo sino también por el menor impacto ambiental: el uso de la IA generativa por millones de usuarios implica un consumo apreciable de energía y agua para alimentar y climatizar los centros de datos.
En la búsqueda de la pregunta que motivara este artículo apareció la tentación: ¿debería ya callarme? Luego, los enigmas y paradojas de la aventura mental de divagar y escribir condujeron a un relato mucho menos intimista. Eso sí, supongo queda fuera de duda que este artículo no es fruto de la IA generativa: está entrenada para componer relatos mejor estructurados y más coherentes. Así las cosas, mejor ya me callo.
