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Perfil

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María García

Doctora en Ingeniería de Telecomunicación e investigadora en el Grupo de Teoría de la Señal y Comunicaciones de la Universidad de Oviedo.

Talento joven en investigación científica

La distancia entre España y Europa en la ratio inversión en I+D sobre PIB es abismal

 

Una vez acabada la tesis en la mayoría de las ocasiones solo hay dos opciones: irse al extranjero o abandonar la carrera investigadora

La destacada trayectoria investigadora y los logros científicos de María García le han reportado ya diversos premios nacionales e internacionales. Pero el camino no es fácil. Desarrollar una carrera científica en España es, en estos momentos, una carrera de obstáculos, tal y como ella misma lo define. Nos cuenta más detalles en este artículo.

La investigación en España adolece de múltiples problemas, entre los que destacan una financiación insuficiente, falta de competitividad y una excesiva burocratización. Según la X Encuesta de Percepción Social de la Ciencia (realizada en 2020 por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología, FECYT), el 85% de la población de nuestro país está a favor de que aumente la inversión del Gobierno en ciencia y tecnología. Sin embargo, tal y como figura en el último informe COTEC, la distancia entre España y Europa en la ratio inversión en I+D sobre PIB es abismal (1,41% en España frente al 2,32% en la Unión Europea).

El panorama para los jóvenes investigadores es aún más desolador. Los jóvenes que se dedican a la investigación son, en general, los mejor formados de cada área de conocimiento. Para conseguir un contrato predoctoral y, de esta forma, acceder a la carrera científica, suele ser necesario haber cursado un grado y un máster con un expediente brillante. Sin embargo, estos contratos altamente competitivos no solamente están escasamente remunerados, sino que suelen ir acompañados de una enorme incertidumbre en cuanto a los plazos (algunas convocatorias se retrasan, otras tardan más de un año en resolverse…). Una vez superado este primer escollo, los jóvenes consiguen un contrato de tres o cuatro años durante los cuales realizan su tesis doctoral (lo que implica jornadas laborales interminables en el laboratorio, con una fuerte presión por publicar nuevos avances científicos).

¿Qué sucede después con nuestros jóvenes mejor formados una vez han acabado la tesis? En algunos ámbitos concretos es posible la transición a la empresa, pero en la mayoría de las ocasiones solo hay dos opciones: irse al extranjero o abandonar la carrera investigadora. Se realiza una fuerte inversión para formar a jóvenes investigadores de primer nivel que, justo en una de las etapas de su carrera de mayor productividad, en la que más pueden aportar al progreso científico y así mejorar el mundo en el que vivimos, se ven abocados a emigrar o a abandonar debido a la falta de oportunidades en nuestro país. No solo eso, la ausencia de una carrera investigadora clara (con su marco legislativo correspondiente), la falta de estabilidad laboral y, en definitiva, un difuso futuro científico en nuestro país conlleva que muchos de esos jóvenes tampoco regresen al cabo de unos años.

No me malinterprete el lector: las etapas en el extranjero son experiencias muy enriquecedoras y, me atrevería a decir, fundamentales para el progreso y formación de cualquier investigador, ampliar horizontes y fortalecer colaboraciones con otras instituciones. Lo preocupante es que la falta de oportunidades en España impide tanto retener el talento científico, como atraerlo desde el extranjero. Para que se hagan una idea, el único contrato postdoctoral nacional que facilita una estabilización laboral en el futuro se obtiene con una edad cercana a los 40 años (la edad media de las solicitudes concedidas del programa Ramón y Cajal en la convocatoria de 2019 fue de 38,3 años). Este programa, extremadamente competitivo, financió, en 2019, tan solo 200 contratos postdoctorales (de cinco años de duración). Tras estos cinco años, los “jóvenes” afortunados suelen conseguir, por fin, estabilizarse (superando ya, en media, los 43 años).

La carrera científica en nuestro país es, en resumen, una carrera de obstáculos. ¿Por qué entonces aún hay jóvenes que nos dedicamos a la investigación? Creo, sin duda, que por vocación. La ciencia es un mundo apasionante, que te permite contribuir a resolver retos tanto del presente como del futuro y, por ende, a mejorar la sociedad. Es prácticamente imposible que un investigador se aburra. Siempre hay nuevas ideas sobre las que investigar, cada proyecto da lugar a nuevas preguntas y a futuras líneas de investigación, y, al mismo tiempo, tienes libertad para orientar tu trabajo hacia aquello que te resulte más atractivo. En el ámbito de la ingeniería, te permite, además, trabajar a la vanguardia de la tecnología. Dedicarse a la investigación supone también un desafío a nivel personal, pues es imposible llegar a ser un investigador de éxito sin gran esfuerzo, dedicación y constancia. Sobre todo, es un trabajo ilusionante, que resulta muy satisfactorio y gratificante cuando se logran nuevos descubrimientos.

La investigación científica es, en definitiva, la herramienta más eficaz para transformar el mundo y contribuir al desarrollo de la sociedad. Creo que es nuestro deber como ciudadanos luchar por protegerla y situarla al nivel que se merece y le corresponde. Cuidemos nuestro talento y brindemos a los jóvenes investigadores la oportunidad de tener un futuro científico en España, transformando la ingente inversión realizada en su formación en riqueza para nuestro país.

 

Una vida dedicada a la investigación

María García Fernández es doctora en Ingeniería de Telecomunicación y trabaja como investigadora en el Grupo de Teoría de la Señal y Comunicaciones de la Universidad de Oviedo, la misma en la que se formó como Ingeniera de Telecomunicación. Amplió horizontes además con dos trimestres académicos en la Universidad de Stanford, Palo Alto (California, EE.UU.). Su excelente trayectoria académica ha sido reconocida con múltiples premios, como el Primer Premio Nacional Fin de Carrera en Ingeniería de Telecomunicación, otorgado por el Ministerio de Educación.

Su trayectoria profesional se centra en el ámbito de la investigación aplicada, utilizando la ingeniería para resolver problemas y retos de la sociedad. Su principal línea de investigación se enfoca en el desarrollo de sistemas radar embarcados en drones para detectar minas antipersona y otro tipo de artefactos explosivos enterrados. También ha promovido el desarrollo de sistemas de caracterización de antenas embarcados en drones, acuñando el término de aplicaciones ‘más allá de lo visible’ con drones.

A lo largo de su carrera ha realizado diversas estancias en prestigiosos centros de investigación en el extranjero, como la Agencia Aeroespacial Alemana (DLR), la Universidad de Northeastern (Boston, EE.UU.) y el centro de investigación TNO (La Haya, Países Bajos). Es autora de más de 40 artículos en revistas de reconocido prestigio y en congresos internacionales, y de dos patentes. Su trayectoria investigadora y sus logros científicos también la han hecho valedora de diversos premios a nivel nacional e internacional, como el Premio a la Mejor Tesis Doctoral del Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicación, el Premio Nacional de Juventud en la categoría de Ciencia y Tecnología, y dos premios Galileo Masters patrocinados por la Comisión Europea. Colabora y participa frecuentemente en actividades de promoción científica y en iniciativas que fomentan, especialmente entre las más jóvenes, las vocaciones STEM (Science, Technology, Engineering and Mathematics).

 

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