
Gonzalo León
Profesor emérito. Universidad Politécnica de Madrid. E.T.S.I. Telecomunicación
Retos para el sector digital europeo
Tanto ciudadanos como instituciones europeas asumen que los servicios basados en tecnologías avanzadas de los que depende su actividad diaria están garantizados. Sin embargo, los apagones eléctricos, las caídas en el acceso a Internet y a plataformas digitales, o los problemas de ciberseguridad, manifiestan que el nivel de resiliencia tecnológica de la sociedad es mejorable.
La resiliencia social está condicionada por la adopción eficiente de tecnologías emergentes porque la competitividad de los sectores socioeconómicos depende de ello. Además, el problema se amplifica debido al carácter de uso dual (civil y militar) de muchos de los componentes, productos, servicios, y procesos tecnológicos digitales desplegados. Esto incrementa su interés geopolítico con crecientes controles de importación y exportación, y la imposición de sanciones sobre países y empresas determinados.
La situación mencionada propició en la pasada década el objetivo político de la Unión Europea (UE) de mejorar sustancialmente su autonomía estratégica, entendida como la “capacidad para actuar de manera autónoma cuando y donde sea necesario y, en la medida de lo posible, con los países asociados”.
No es posible, ni se pretendía, concebir esa mejora desde un planteamiento autárquico: la UE depende y seguirá dependiendo de proveedores externos, pero deberá hacer un esfuerzo en mantener capacidades críticas.
Una sociedad que depende de la tecnología para su funcionamiento no puede conseguir autonomía estratégica si no domina algunas tecnologías clave, aunque ello suponga pagar un coste superior para disponer de los productos y servicios tecnológicos necesarios. La relación entre estos dos conceptos se explicita en la ilustración que acompaña este texto: la soberanía tecnológica asume un papel habilitador para la autonomía estratégica y enmarca el diseño de políticas nacionales e internacionales.
Disponer de ‘soberanía’ en una tecnología determinada requiere dominar diversos factores:
- Acceder al conocimiento tecnológico necesario para desarrollar productos y servicios avanzados. Desafortunadamente, muchos sistemas tecnológicos críticos se adquieren como ‘cajas negras’ sin permitir la transferencia de tecnología, hecho que consolida la dependencia futura del proveedor.
- Disponer de los materiales, componentes y herramientas requeridas para el diseño y fabricación de productos y servicios tecnológicos, así como de las autorizaciones de importación requeridas cuando se trata de tecnologías duales.
- Distribuir productos y servicios empleando redes de distribución globales fiables, eficientes y controladas. Situación hoy inestable con ataques o bloqueos en el mercado marítimo o incidentes provocados en los cables submarinos de datos, ambos convertidos en objetivos de desestabilización en conflictos geopolíticos.
- Diseñar y fabricar los productos tecnológicos requeridos mediante fábricas eficientes y dotadas de las herramientas hardware y software necesarias, inteligentes y robotizadas, que aseguren la competitividad internacional.
- Elaborar un marco legislativo y regulatorio inteligente para la gobernanza de la tecnología que reduzca riesgos, proteja al ciudadano en su uso, y se verifique su cumplimiento, sin poner en riesgo la capacidad de innovación tecnológica.
- Disponer del talento tecnológico necesario lo que implica formar, atraer y retener suficientes especialistas con conocimientos tecnológicos cualificados.
La resiliencia social está condicionada por la adopción eficiente de tecnologías emergentes
Situación europea en tecnologías digitales
Gran parte de la batalla geopolítica actual se centra en el dominio y gobernanza de las tecnologías digitales. Se trata de tecnologías que han adquirido un carácter habilitador y han penetrado profundamente en todos los sectores socioeconómicos.
Entre ellas, se encuentran los semiconductores, la inteligencia artificial (IA), las comunicaciones móviles, las redes de sensores de Internet de las Cosas, los servicios satelitales y la creciente relación con la robótica inteligente. En todos estos casos, la UE parte de un nivel reducido de soberanía tecnológica que compromete su autonomía estratégica real.
Las tecnologías digitales afectan a la competitividad industrial que deberá acelerar el desarrollo de sistemas avanzados mediante la adopción de herramientas de ‘ingeniería digital’, como simuladores, gemelos digitales, impresión aditiva o generación automática de código, implicando estrechamente en el ciclo de desarrollo a ingenieros y usuarios.
Muy relevante es la dependencia de la UE de chips fabricados fuera de Europa, sobre todo, en Asia (por ejemplo, TSMC en Taiwán o Samsung en Corea del Sur), y del acceso a herramientas software y hardware para su diseño, principalmente de Estados Unidos, lo que implica asumir dependencias tecnológicas y riesgos geopolíticos elevados.
La UE depende y seguirá dependiendo de proveedores externos, pero deberá hacer un esfuerzo en mantener capacidades críticas
La UE posee reducidas capacidades de fabricación de semiconductores, tanto de silicio como de materiales como el nitruro de galio (GaN). Sin una gran fábrica de chips avanzados de silicio (TSMC está construyendo una en Alemania), y con capacidades dispersas de GaN, depende del suministro de galio refinado de China. Como ejemplo de dependencias geopolíticas, la distribución de máquinas de fotolitografía ultravioleta extrema para la fabricación de chips (tanto civiles como militares) a China desarrollado por ASML, empresa europea líder mundial, ha sido vetado por Estados Unidos al integrar componentes proporcionados por proveedores estadounidenses.
El problema de dependencia derivado del desarrollo sinérgico de la tecnología de semiconductores con la inteligencia artificial es más relevante por la importancia de las unidades de procesamiento gráfico (GPU) para el entrenamiento de modelos de IA o cálculos de inferencias en centros de datos, un mercado fuertemente dominado por Estados Unidos (Nvidia), aunque sus GPU se fabriquen en Taiwán.
Carencias en IA
En el ámbito de la IA los grandes modelos de lenguaje empleados en Europa en aplicaciones de IA generativa han sido desarrollados por empresas de Estados Unidos, ya se trate de modelos abiertos o propietarios, y entrenados fundamentalmente con datos en inglés. La realidad es que, a pesar de los esfuerzos realizados, Europa se focaliza en modelos pequeños especializados, construidos sobre modelos genéricos no europeos.
El dominio europeo reducido de la tecnología de IA no solo supone emplear herramientas con posibles sesgos en su proceso de entrenamiento, sino también la dependencia en el acceso a modelos de lenguaje o a sistemas de agentes inteligentes. Como ejemplo, la decisión de restringir el uso de una herramienta de IA de Anthropic (Mythos), empleada para identificar vulnerabilidades de ciberseguridad a un conjunto de entidades estadounidenses, y la negativa, por ahora, a que instituciones europeas dispongan de ella, ilustra esta situación de dependencia.
La UE también depende del acceso a plataformas de servicios digitales dominadas por grandes empresas de Estados Unidos en áreas como el comercio electrónico, las redes sociales, el almacenamiento en la nube o los servicios proporcionados por constelaciones satelitales directos al dispositivo del usuario, entre otros.
Gran parte de la batalla geopolítica actual se centra en el dominio y gobernanza de las tecnologías digitales
Es significativo el esfuerzo realizado en varios países europeos para albergar centros de datos de IA, aunque aportar suelo, energía, agua, y comunicaciones, pero con la infraestructura tecnológica basada en arquitecturas, servidores, y chips no europeos, y operada por empresas no europeas, no incrementa la soberanía tecnológica europea.
Finalmente, la soberanía de datos europea es reducida a pesar de la legislación elaborada para la protección y desarrollo digital para proteger los datos, controlar los mercados y servicios digitales, la ciberseguridad, o los riesgos de la IA. La aplicación y régimen de sanciones derivadas implican enfrentamientos con Estados Unidos y China con amenazas de limitación de acceso a la UE de servicios y productos digitales avanzados.
Futuro del desarrollo de las tecnologías digitales en Europa
La situación de dependencia digital indicada de la UE no puede derivar en un derrotismo colectivo, sino servir de acicate para incrementar urgentemente el esfuerzo político, financiero, industrial e innovador.
La negociación del marco financiero plurianual 2028-2034 de la UE supone una oportunidad para reducir su dependencia tecnológica, aunque la propuesta no suponga un cambio sustancial con respecto al presupuesto actual en términos porcentuales.
Las tecnologías digitales afectan a la competitividad industrial que deberá acelerar el desarrollo de sistemas avanzados
En el marco financiero se propone la creación del Fondo Europeo de Competitividad (FEC) con 400.000 millones de euros. Incluye una partida en defensa y seguridad, de130.700 millones de euros, y un nuevo programa Horizonte Europa (2028-2034) de investigación e innovación con 175.300 millones de euros en el que se prestará especial atención al desarrollo de las tecnologías duales. Junto a los 56.800 millones de euros propuestos para el proceso de transición digital, el FEC será una pieza fundamental para mejorar la soberanía tecnológica digital europea.
En la situación geopolítica inestable actual ninguna potencia ralentizará su esfuerzo en el desarrollo tecnológico digital de uso dual en los próximos años. Por ello, la UE deberá aunar voluntad política y presupuestos crecientes para desarrollar tecnologías digitales, reducir la fragmentación del mercado, y actualizar la regulación en un contexto de mayor integración europea. Si lo consigue y actúa con una voz única, asegurará su autonomía estratégica y soberanía tecnológica digital reduciendo el riesgo de caer en la irrelevancia geopolítica.
