La carretera conectada es la evolución natural de la infraestructura física viaria en un mundo donde sus elementos, los vehículos y las personas que las utilizan, así como los trabajadores que las mantienen y operan, generan e intercambian datos en tiempo real.
No se trata únicamente de añadir sensores o aplicaciones para el análisis del tráfico, sino de construir un sistema capilar y digital que logre una operación más eficiente y segura de la infraestructura, permitiendo decisiones coordinadas entre vehículos, infraestructura y gestores del tráfico. Esta inteligencia distribuida debe impactar en la reducción de accidentes, suavizando la congestión, optimizando el mantenimiento y abriendo la oportunidad a servicios de movilidad más fiables y personalizados.
Desde joven me ha fascinado la aviación. Recuerdo pasarme ratos mirando al cielo, imaginando cómo sería volar y, sobre todo, pensaba en cómo evolucionarían los aeropuertos en el futuro. Me parecía un mundo lleno de misterio y posibilidades. Mi primer gran viaje en avión fue en 1994, con 16 años, rumbo a Estados Unidos. Fue un antes y un después en mi vida.
La gestión de la movilidad de las ciudades es un proceso muy complejo que requiere la coordinación de numerosas entidades y agentes públicos y privados, pertenecientes a diferentes instituciones y administraciones, que actúan a distintos niveles (estratégico, táctico y operativo) para garantizar una movilidad eficiente, segura y sostenible. En el presente artículo, nos centraremos en el nivel operativo de la gestión de la movilidad competencia de la Dirección General de Gestión y Vigilancia de la Circulación del Ayuntamiento de Madrid.
La movilidad y el transporte atraviesan una transformación sin precedentes. Estamos asistiendo a una revolución en la forma en que nos movemos, organizamos las ciudades y transportamos mercancías y viajeros. Nunca antes se habían combinado con tanta intensidad tres fuerzas transformadoras: La digitalización, la ‘ciber-seguridad ’(tanto física como digital) y la sostenibilidad climática.
El ferrocarril ha sido y es un pilar del transporte en España, tanto de personas como de mercancías. En el contexto actual de transformación digital, transición ecológica y búsqueda de competitividad se posiciona como un actor clave en la nueva movilidad.
El COVID-19 ha paralizado el mundo, alterando, no solo nuestra forma de vivir sino, sobre todo, la manera que tenemos de entender la vida. Relaciones personales y sociales, prioridades, perspectivas y rutinas han sido trastocadas radicalmente y de un plumazo por una situación insólita que transformará la humanidad de manera inexorable. Cuando logremos dejar atrás el coronavirus pocas cosas serán iguales, y ésta es una realidad de la que debemos tomar conciencia cuanto antes.
Los sectores vinculados al transporte y la movilidad están ampliamente inmersos en una transformación digital que se ha ido desarrollando paulatinamente a través del equilibrio entre la tecnología existente en cada momento y las necesidades del usuario.