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Olga Ramírez

Olga Ramírez

Consejera y Directiva especializada en Estrategia, Estructura y Capital Humano. Socia directora de Experience & Wiser e Inferens

Del experto técnico al directivo híbrido

Talento tecnológico en transformación

La irrupción de la inteligencia artificial está acelerando una transformación profunda de los perfiles tecnológicos. Las empresas ya no demandan únicamente expertos técnicos, sino profesionales híbridos capaces de integrar tecnología, negocio y pensamiento estratégico. Mientras crece la necesidad de talento digital, disminuyen las vocaciones STEM y persisten brechas estructurales que amenazan la competitividad y la capacidad innovadora de las organizaciones. El futuro de las organizaciones pasa por resolver estos retos, poner a trabajar de manera conjunta a todo el ecosistema y estructurar un nuevo modelo de gobierno de las TIC.

La transformación digital hace tiempo que ha dejado de ser es una promesa de futuro, actualmente es el eje sobre el que se reorganizan empresas, sectores y economías. En este escenario, los perfiles profesionales especializados en tecnologías de la información (TIC) pasan de ser un soporte técnico para convertirse en un factor esencial de competitividad y sostenibilidad en empresas y países llegando a ocupar posiciones críticas en comités y consejos.

Sin embargo, esta evolución convive con una paradoja difícil de ignorar: la demanda de talento tecnológico crece de forma acelerada mientras disminuyen las vocaciones STEM, persisten brechas estructurales, como la de género, y la inteligencia artificial (IA) redefine el concepto y el alcance del trabajo tecnológico.

El resultado es un mercado laboral en plena mutación, marcado por la escasez de profesionales cualificados en las necesidades reales que se demandan, por la transformación de las competencias que se valoran, la necesidad urgente de adaptar la formación, el desarrollo del talento y los modelos de gobierno de las tecnologías en las organizaciones.

El auge de la IA

La irrupción de la IA generativa no ha hecho más que acelerar esta transformación, dado que ya estaba en marcha. Hoy, la adopción empresarial de la IA es prácticamente generalizada. Según el World Economic Forum (WEF), la presencia y uso de la IA como una herramienta en las empresas ha pasado del 55 % en 2022 al 88 % en los últimos análisis realizados. Además, el 54 % de los directivos considera que la IA desplazará puestos de trabajo existentes, mientras solo un 24% cree que generará nuevos empleos.

Los perfiles tecnológicos tradicionales evolucionan hacia modelos más complejos. Ya no es suficiente con dominar lenguajes de programación o infraestructuras tecnológicas. El profesional actual necesita integrar capacidades analíticas, pensamiento crítico, gestión avanzada de datos, comprensión ética y habilidades para interactuar con sistemas inteligentes.

Estamos viendo emerger estos perfiles híbridos que hace apenas unos años no existían: arquitectos de IA, especialistas en gobernanza algorítmica, entrenadores de modelos, expertos en ciberseguridad avanzada o diseñadores de experiencias conversacionales. Y en este contexto, las responsabilidades son diferentes, el profesional deja de ejecutar tareas para pasar a coordinar sistemas inteligentes, actuando como un verdadero “orquestador de agentes”.

Al mismo tiempo, muchas de las tareas más mecánicas, como el soporte, el desarrollo más de base o el testing, tienden a automatizarse. Todo esto no conlleva de manera necesaria la desaparición del empleo tecnológico, pero sí una profunda transformación de sus funciones.

Escasez de talento

Por otro lado, mientras las organizaciones aceleran sus procesos de digitalización, el sistema educativo no logra seguir el mismo ritmo. A lo que se une el hecho de que, en España, el descenso de las vocaciones en ingeniería se está consolidando como un problema estructural.

En las últimas dos décadas, el número de estudiantes de ingeniería ha disminuido de forma significativa, y el peso de estos estudios dentro del conjunto universitario se ha reducido notablemente.

Por indicar algún dato que nos revele la gravedad, el III Informe de INGITE revela que desde el curso 2002-2003 el número de estudiantes de Ingeniería ha caído un 33 %. Además, los alumnos de ingeniería representan actualmente solo el 16,98 % del total de matriculados universitarios, frente al 24,02 % que suponían hace dos décadas.

 

 

Pero aún más preocupante es la caída en el número de egresados, si en el curso 2006-2007 los titulados en ingeniería representaban el 19,38 % del total de graduados universitarios, hoy apenas alcanzan el 7,54 %, lo que limita directamente la capacidad del mercado para absorber la creciente demanda de perfiles tecnológicos.

Esta tendencia contrasta con una realidad empresarial clara: las competencias en IA, datos y tecnologías avanzadas serán críticas en los próximos años. Sin embargo, existe una percepción generalizada de que los sistemas educativos no están preparando adecuadamente a los profesionales en estas áreas.

La consecuencia es evidente, nos encontramos con una brecha creciente entre la oferta y la demanda de talento que amenaza con frenar el ritmo de la transformación digital y por ende el desarrollo económico y social.

Si particularizamos un poco más, uno de los desafíos más persistentes en el ámbito TIC es la inclusión de talento diverso y en concreto la desigualdad de género. A pesar de algunos avances, la participación femenina en disciplinas STEM sigue siendo claramente insuficiente.

 

El futuro de las organizaciones es poner a trabajar de manera conjunta a todo el ecosistema y estructurar un nuevo modelo de gobierno de las TIC

 

Aunque la presencia femenina en carreras STEM ha mejorado ligeramente en los últimos años, el avance sigue siendo insuficiente. A escala global, las mujeres representan todavía menos de un tercio de la fuerza laboral STEM y su participación apenas ha pasado del 26 % en 2016 al 28,2 % en 2024, según datos del World Economic Forum.

En el ámbito de la IA, la brecha es aún más acusada. El desarrollo de competencias en este campo ha crecido más rápidamente entre los hombres que entre las mujeres en la mayoría de los países, con lo que se amplía una distancia que ya era significativa.

Además, no podemos obviar el hecho de que esta desigualdad tiene implicaciones directas en la calidad de la innovación. Hay estudios que acreditan que la falta de diversidad en el diseño de sistemas inteligentes se traduce en sesgos, menor capacidad creativa y soluciones menos inclusivas.

A todo ello tenemos que añadir, la sensación de inestabilidad asociada a la automatización que reduce el interés por las carreras de tecnología para las jóvenes, lo que puede acrecentar aún más el problema.

 

 

Especialización tecnológica

Por contrapunto, un aspecto especialmente atractivo es que los perfiles tecnológicos siguen accediendo a salarios competitivos y altas tasas de empleabilidad, especialmente en áreas como inteligencia artificial, ciencia de datos o ciberseguridad.

El informe ‘New Economy Skills’ destaca que los salarios en puestos relacionados con IA y machine learning han aumentado un 27 % desde 2019. La fuerte demanda junto con la falta de profesionales explica en gran parte esta tendencia creciente en los salarios.

De esta manera observamos una clara polarización del mercado. Los profesionales altamente especializados incrementan su valor, mientras que los perfiles más operativos o fácilmente automatizables pierden relevancia.

La evolución de herramientas capaces de generar código o automatizar procesos está reduciendo la necesidad de determinados perfiles junior. Las empresas ya no buscan volumen, sino especialización y capacidad de aportar valor diferencial.

Esto ayuda a explicar por qué, en los últimos años, incluso grandes empresas tecnológicas han ajustado sus plantillas. No se trata únicamente de eficiencia económica, sino de una transformación estructural en la forma de organizar el trabajo. La automatización no elimina la necesidad de talento, pero sí cambia radicalmente el tipo de talento requerido.

 

 

Perfiles híbridos y formación continua

Y así llegamos al quiz de la cuestión, la tendencia es clara: el futuro del talento TIC es híbrido.

Las empresas precisan de profesionales que aúnen conocimientos y experiencia, no solo en tecnología, sino además en negocio, gestión del cambio y estrategia. De esta manera, la alfabetización digital se convierte en una competencia transversal, y las habilidades humanas ganan protagonismo en cuanto a su aportación de valor.

Paradójicamente, cuanto más avanza la automatización, más valor adquieren capacidades humanas como la creatividad, la comunicación, el liderazgo, la adaptabilidad o el pensamiento estratégico.

El propio World Economic Forum identifica dos grandes prioridades para los próximos años: ampliar las capacidades avanzadas en IA y datos, y reforzar la fluidez digital básica de toda la población activa.

Al mismo tiempo, la formación continua deja de ser opcional. La rápida evolución tecnológica reduce el ciclo de vida de la misma, obligando a procesos constantes de actualización.

En este contexto, la universidad no es el único pilar formativo, surgen modelos más flexibles, como el aprendizaje modular, las microcredenciales, las certificaciones o la colaboración entre empresas, instituciones y centros educativos, que son clave para responder a la velocidad del cambio.

 

 

Talento de futuro

Desde mi experiencia trabajando en el ámbito del gobierno corporativo, la estrategia y el talento, tengo la convicción de que no estamos ante un simple cambio tecnológico, sino ante una transformación estructural del concepto de trabajo cualificado.

La IA no sustituye ni sustituirá el talento; sin embargo, estamos viendo como lo está redefiniendo. Y en ese proceso, observamos cómo el valor de un profesional ya no reside únicamente en sus conocimientos técnicos, sino en la capacidad de aprender, adaptarse y colaborar con sistemas inteligentes.

Nos encontramos ante un escenario de enorme potencial económico, pero también de importantes riesgos sociales y laborales. Me preocupa especialmente algo que me encuentro en las empresas y se trata de la aún existente desconexión entre el mundo educativo y las necesidades reales.

 

Las empresas ya no buscan volumen, sino especialización y capacidad de aportar valor diferencial

 

Soy consciente de que el mundo académico está evolucionando y actualizándose, pero todavía existen diferencias entre ambos mundos que impiden la integración directa de los alumnos egresados en el mundo laboral. También es preocupante la persistencia de brechas, como la ya comentada de género, que limitan tanto el desarrollo del talento como el potencial innovador de nuestras organizaciones.

Creo firmemente que la clave no estará en formar más perfiles específicamente técnicos, sino en desarrollar profesionales versátiles, capaces de colaborar con sistemas inteligentes y aportar valor más allá, con una visión integradora y con la habilidad de moverse en entornos de alta incertidumbre.

Por todo ello, me gustaría concluir remarcando que la evolución de los profesionales tecnológicos no es solo una cuestión que afecta al sector empresarial, es un desafío estratégico de país que condicionará la competitividad económica y la cohesión social en los próximos años. Y, precisamente por ello, exige una respuesta coordinada, ambiciosa y sostenida en el tiempo por parte de todo el ecosistema, tantas empresas, instituciones, gobierno y el ámbito académico.


Las habilidades
que la IA no sustituye


A medida que la automatización avanza, las capacidades humanas adquieren un valor diferencial creciente:

  • Creatividad
  • Liderazgo
  • Comunicación
  • Pensamiento estratégico
  • Adaptabilidad
  • Gestión del cambio
  • Capacidad de aprendizaje continuo

El profesional TIC del futuro combinará competencias tecnológicas avanzadas con habilidades humanas y visión de negocio.

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