¿Usted es escultor o ingeniero?
Corría el mes de marzo de 2023 cuando se estaba procediendo a instalar en el acceso a la ETSIT, en la ciudad universitaria de Madrid, mi figura ‘Abrazo’, pieza de acero corten lacada en rojo, de 100 kg de peso y tres metros de altura, cuando un alumno, que formaba parte del grupo de espectadores de la maniobra, me preguntó ¿usted es escultor o ingeniero?
Puedo decir que en mi caso no existe esa hipotética ‘contradicción’, porque ambos conceptos han convivido en mí sin conflictos desde hace muchos años. Incuso diría que se han potenciado uno al otro debido a, por una parte, la tenacidad que mi formación técnica me ha proporcionado, y, por otra, a mi perseverancia por la creación artística que, con sus correspondientes altibajos, me ha permitido ir desarrollando mi proceso creativo step by step, siempre modulado por mis ‘otras actividades’ profesionales.
A pesar de que pueda parecer difícil conciliar la imagen tópica del artista, como un ser un tanto indolente y siempre a la espera de la llegada de las musas, con el rigor, la disciplina y la constancia que exige cursar nuestra carrera, en mi caso sí ha sido posible, porque la formación técnica me ha ayudado en ocasiones a solventar carencias propias del artista autodidacta.
Así, por ejemplo, los conocimientos adquiridos en la escuela de dibujo técnico (desarrollo espacial de figuras, perspectiva, seccionado de piezas…) contribuyeron a mejorar mi conocimiento de la volumetría y a valorar cómo los diversos planos aportan profundidad a una obra en 2D.
El retrato del abuelo
Con 11 años sorprendí a mis padres cuando descubrieron un retrato a lápiz que había hecho a mi abuelo. Para mejorar esa incipiente habilidad me animaron a recibir clases de ‘dibujo artístico’ en las que descubrí los primeros rudimentos: el boceto, el encaje de las figuras, el carboncillo, el difumino, la tinta china…
Años más tarde, de la mano de una Voitglander básica, incorporé la fotografía en B&N a mi actividad creadora, interesándome por todo lo que llamaba mi atención, llegando incluso a participar en concursos de fotografía amateur en los que algunas veces obtenía trofeo.
En este recorrido vital, siempre he asumido con mentalidad ingenieril que la intuición y la espontaneidad debían ser complementadas con la formación para poder llegar al paso siguiente
Muchos años después, ya en plena actividad profesional, descubrí la pintura y la escultura ‘con mayúscula’ en tantos museos como tuve ocasión de visitar aprovechando los viajes de trabajo. Como consecuencia de ello, primero me animé a coger el pincel, y más tarde el soldador.
En este recorrido vital, siempre he asumido con mentalidad ingenieril que la intuición y la espontaneidad debían ser complementadas con la formación para poder llegar al paso siguiente. Así, mi dibujo se potenció con la academia y la fotografía mejoró con el aprendizaje de los trabajos de revelado.
Pero para el desarrollo de mis primeros pasos en la pintura y escultura debí esperar bastante más: hasta que dispuse del tiempo necesario y de los recursos para afrontar nuevos gastos recurrentes (academias, lienzos, acrílicos, oleos, acero, electrodos…). Eso ocurrió a partir de 2013, cuando empecé a frecuentar los talleres de pintura de Jon del Arco, de escultura anatómica de Zulma Meneses, o los talleres de soldadura de los Hermanos Cuenca en mi Ocaña natal.
La inspiración
Mi propuesta artística parte de la estética de las vanguardias de los años 30 del pasado siglo, particularmente del cubismo (Fernand Leger, Juan Gris, Braque, Picasso…) y del expresionismo (Kokoschka, Kirchner, Nolde…) en la pintura, así como de la obra de Pablo Gargallo, Archipenko y Julio González, en la escultura.
La conjunción del cubismo con mis conocimientos fotográficos se ha sustanciado en una serie de obras, fundamentalmente retratos, en las que he tratado de recoger la personalidad de amigos y conocidos que me eran cercanos, tema que siempre me ha atraído por el reto que supone lograr captar en el lienzo expresiones reconocibles que identifiquen al retratado con cariño.
No obstante, en mi producción no faltan bodegones o paisajes que han sido la respuesta a una necesidad vital de plasmarlos para, por ejemplo, poder conservar el recuerdo de aquella cena con amigos, o el impacto que me produjo esa nevada que todos recordamos.
En materia de escultura, y como una evolución hacia el minimalismo, he desarrollado una producción de figuras en madera y, principalmente, en acero, en las que no están ajenas las visiones de Calder y Sol Lewit, o los más cercanos de Chillida, Oteiza o Ibarrola.
Mi propuesta artística parte de la estética de las vanguardias de los años 30 del pasado siglo, particularmente del cubismo
El trabajo de soldadura desarrollado en el taller ha sido para mí una experiencia inolvidable, y una prueba de humildad para asumir tantos buenos consejos de los profesionales, que se ganaban la vida sobre las estructuras, sobre qué corriente seleccionar en la soldadora, qué electrodos son más adecuados… También debí aprender cómo proceder para la oxidación de piezas hasta lograr que el acero corten tuviese los tonos marrones buscados.
En todo momento mi producción artística la he dirigido hacia mis amigos, mi familia, para mí mismo, y en aquellos casos en que mi obra ha despertado el interés de alguna institución, la he donado altruistamente, como es el caso de la ETSITM.
Para terminar, y por eso de ‘una imagen vale más que mil palabras’, os remito a mi blog https://jmonproductions.wordpress.com donde sistemáticamente guardo imagen de mis obras que, como ingeniero-escultor, afortunadamente, no paran de crecer.


