Tribuna

Teresa Pascual Ogueta copia_edited

Teresa Pascual Ogueta

Ingeniera de Telecomunicación.

Ingeniería y cambio

Todas las disciplinas han sufrido grandes metamorfosis. En el caso de las telecomunicaciones, los logros del momento fagocitan rápidamente los éxitos anteriores. Los desafíos que se superan tienen una vida corta porque evolucionan y desaparecen ocultos por los nuevos retos

Esta pandemia nos ha enseñado cosas que desconocíamos y ha desempolvado otras que nos disgustaba ver. Inesperadamente el mundo se ha puesto a ralentí. En este tiempo muchas ocupaciones se han demostrado esenciales, aunque habitualmente ni siquiera las veíamos. Las telecomunicaciones y todo su ámbito de acción han evidenciado ser fundamentales.

Hace años el ejercicio de la Ingeniería, como ocurría con otras disciplinas, ayudaba a tener una cierta consideración social. Ahora quienes ejercen esta profesión se ven, como cualquiera que dependa de un salario para vivir, al albur de las condiciones que impone un mercado de trabajo que no valora adecuadamente el talento. Quien termina sus estudios no se librará fácilmente de los contratos basura y de formar parte, en algún momento de su vida profesional, de las listas del paro. Quienes tienen más experiencia, a menudo deben dejar su actividad profesional por causas ajenas a su competencia. No es casual que esto ocurra porque algunas empresas buscan conocimiento para el corto plazo a bajo precio. Ahora hay más personas que eligen la Ingeniería como profesión y las condiciones de trabajo son peores. Es cierto que también se ha instalado cierto pensamiento que cree que es la riqueza la que genera trabajo y no ve que es el trabajo el que produce riqueza.

Si en otros momentos, para poder trabajar en empresas prestigiosas, se exigía superar una dura oposición, exámenes sicotécnicos y una entrevista personal, ahora el proceso de acceso a la profesión es más ágil.

Hoy como también antes, hay quienes tienen que compaginar estudios con trabajo y nunca ha sido fácil. Hay abandonos porque esa compatibilización es imposible o porque lo que lo que se ofrece al alumnado no responde a sus expectativas. También hay quien renuncia porque le parece demasiado exigente el esfuerzo o poco gratificante. Cada cual tiene sus objetivos y los pueden conseguir en otras áreas de conocimiento y en otros trabajos, pero se sigue desperdiciando mucho talento. No hace tanto tiempo, en muchas familias, ante la escasez de medios, lo prioritario era que fueran los hermanos los que siguieran estudios superiores.

Proceso evolutivo

Ha habido un cambio muy relevante en la manera de trabajar. La complejidad de la tecnología actual implica que, para materializar proyectos de gran dificultad técnica, sean necesarios medios costosos que se quedan anticuados en muy poco tiempo. Pero no sólo eso. Cada vez se necesita la aplicación de un conocimiento más especializado y la colaboración entre las distintas Ingenierías o la aparición de otras nuevas es habitual. La Ingeniería de Telecomunicación participa en distinta medida prácticamente en todos los campos de actividad, desde el aeroespacial hasta el agrario, pasando por la obra civil. El conocimiento técnico no surge por generación espontánea, sino que se nutre del pasado, de las experiencias nuevas y de los avances en ciencias como Matemáticas y Física; sin ellas las tecnologías más innovadoras no serían viables.

Todas las disciplinas han sufrido grandes metamorfosis. En el caso de las telecomunicaciones, los logros del momento fagocitan rápidamente los éxitos anteriores. Los desafíos que se superan tienen una vida corta porque evolucionan y desaparecen ocultos por los nuevos retos. No sucede eso con otras Ingenierías que pueden exhibir sus obras más emblemáticas. Puentes, túneles, edificios, incluso los barcos y los aviones tienen una visibilidad en la realidad de la calle, que no logran las más brillantes infraestructuras de telecomunicaciones o los desarrollos software más deslumbrantes. Quien se inicie en este campo lo aprenderá enseguida. Es el precio a pagar por el dinamismo en este ámbito del conocimiento.

Estudiar para saber

El gusto por saber y aplicar lo que se aprende es una buena razón para estudiar Ingeniería. El conocimiento no es estático. La universidad debe enseñar la base para todo lo que habrá que ir aprendiendo después. Contarán con ventaja quienes sigan un buen programa de estudios, impartido por un claustro competente. Como decía un decano, que lo fue de Harvard, lo más importante que se aprende en la universidad se debe a la forma de actuar y el gusto por su trabajo de quien enseña.

Las razones para decantarse por avanzar en el conocimiento son muy personales, pero no hay que engañarse, la sabiduría a menudo molesta. Lo vemos en épocas de desasosiego, que se piden soluciones a quienes saben y cuando se obtienen, quienes las solicitaron las desprecian si les perjudican o no las entienden.

Se considera que la ciencia ofrece certezas, pero éstas son válidas mientras no aparezcan hechos desconocidos hasta entonces que las contradigan o las cuestionen. Estamos asistiendo en vivo y en directo a la gestión de la incertidumbre en el ámbito del conocimiento. Vemos con temor cómo la realidad de una pandemia cambia hipótesis de trabajo o cuestiona los procedimientos que han funcionado en otros momentos. Las telecomunicaciones, imprescindibles para saber qué pasa y cómo en cualquier lugar del planeta, han abierto ventanas para que cualquiera pueda asomarse y ver cómo se desarrollan los debates y cuáles son las propuestas. La explosión de las ideas en vivo.

No es fácil gestionar la incertidumbre que genera una pandemia. Se demandan soluciones que no estén sujetas a error y quienes dirigen la sociedad se acuerdan entonces de quienes tienen el conocimiento científico y técnico, tan abandonado siempre. A pesar de las promesas, si no hay una fuerte demanda social, cuando esto acabe, tampoco se financiará la investigación para el conocimiento.

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