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Tribuna

Javier-dominguez

Javier Domínguez

Ingeniero de Telecomunicación.

Televisión, ciclistas y emociones

El tratamiento digital y la compresión de imágenes han popularizado el uso y disfrute de la narrativa audiovisual. Además, han permitido aumentar el número de canales de televisión, mejorar su calidad, a la vez que se cede a las comunicaciones móviles una extensa parcela del espectro radioeléctrico

La televisión brinda sugerentes oportunidades para apreciar el significado y valor de la Ingeniería de Telecomunicación. Las imágenes en directo de carreras ciclistas son un atractivo instrumento para visibilizar y divulgar las capacidades de esta profesión.

Se me antoja que en los relatos sobre el pasado reciente o el futuro cercano de las telecomunicaciones deberíamos dedicar más atención a las tecnologías de la imagen y la televisión. Según las encuestas, después de internet, la televisión es el medio de comunicación que más audiencia acapara. En el devenir de este escenario destaca la contribución de la Ingeniería de Telecomunicación y la industria nacional. Si, además, los telecos proclamamos nuestra cualificación para conectar emociones, ¿qué mejores referentes que la imagen como generadora y la televisión como transmisora de esas emociones?

Considero que el tratamiento digital y la compresión de imágenes en tiempo real componen una de las innovaciones más relevantes de las últimas décadas. El esfuerzo tecnológico ha deparado múltiples formatos que han ayudado a popularizar el uso y disfrute de la narrativa audiovisual. En el caso de la televisión, la digitalización ha permitido aumentar el número de canales y mejorar su calidad, a la vez que se libera una extensa parcela del espectro radioeléctrico para cederla a las comunicaciones móviles. ¿Qué más créditos se pueden pedir?

Cuando exploro oportunidades para valorar el papel de las telecomunicaciones, me surge el ejemplo de las transmisiones en directo por televisión de carreras ciclistas. Desde las emociones que nos ofrece la competición podemos construir una crónica divulgadora de nuestra profesión. Protagonista: las cámaras de las motos que captan las imágenes de los ciclistas y las transmiten a un helicóptero que las sobrevuela; este las reenvía hacia la unidad encargada de la realización (habitualmente instalada en la meta); desde aquí, una conexión por satélite traslada el programa hasta un centro de producción que lo difunde a la audiencia (ya saben: la TDT, la televisión de pago, internet, las aplicaciones móviles…).

Pero no todo son emociones deportivas. Las transmisiones nos muestran, también, sugestivos paisajes del recorrido desde una cámara instalada en otro helicóptero que, además, complementa y auxilia las imágenes de las motos; nos descubren la intimidad de los corredores revelando cómo se sirven del pinganillo para comunicarse con los coches de su equipo; a la vez, nos ayudan, con el uso intensivo del GPS y de las herramientas de grafismo, a situar a los grupos de ciclistas en la carrera y a conocer las diferencias de tiempo y distancia.

Lo descrito permite hacer una apología sobre las radiocomunicaciones pero es fácil incorporar al relato las diferentes tecnologías de telecomunicación (incluso los cables submarinos si atendemos a la importante audiencia internacional). Para no agobiar con nuestro proselitismo profesional, conviene dosificar la crónica en varias etapas: ¡las grandes vueltas ciclistas duran tres semanas y cada día se monta y desmonta el despliegue técnico!

Comprendo que lo de la televisión y el ciclismo no es un tema de vanguardia como los que abordan los ‘especiales’ de esta revista, pero las transmisiones con imágenes en directo ofrecen una colección de motivos para reivindicar ‘la emoción de conectar’.

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