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Tribuna

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Javier Domínguez

Ingeniero de Telecomunicación.

Una joya de la conectividad

A pesar de su aparente libertad, el móvil es totalmente dependiente: necesita conectarse con una referencia fija, que es la que da o quita cobertura

El móvil hace bien los deberes en materia de conectividad: integra las opciones radioeléctricas que nos permiten transitar sin límites geográficos y cambiar de operadora. Además, se esfuerza por adoptar diferentes familias de acceso que conviven pacíficamente y se complementan.

La conectividad desde el móvil se ha convertido en un recurso básico: la falta de cobertura nos fastidia tanto como cuando se interrumpe el suministro de electricidad o de agua. Cometeríamos un error de apreciación si descargásemos nuestra contrariedad sobre ese pequeño dispositivo.

En sus pocos centímetros y escasos 200 gramos de peso, el móvil atesora la capacidad de comunicación en espacios públicos y en el ámbito doméstico, incluso si cambiamos de país o de continente. Para ello integra la funcionalidad de emisión y recepción -con sus inseparables antenas- en múltiples bandas de frecuencia y posee la habilidad de adaptarse a diferentes modos de acceso radioeléctrico como las ‘G’ y las wifi. Acoge estas dos familias y se esfuerza en adoptar su progreso, aunque le suponga reconocer nuevas bandas de frecuencia y cambios en los protocolos de comunicación.

Pero, a pesar de su versatilidad y aparente libertad, el móvil es totalmente dependiente, porque, para comunicarse, necesita conectarse radioeléctricamente con una referencia fija: una ‘estación base’ en el espacio público o un ‘punto de acceso wifi’ en el ámbito doméstico. Y es esta referencia la que da o quita cobertura.

Aunque la familia de las ‘G’ tenga mucha mayor relevancia, no oculto mi simpatía por la tecnología wifi: al ser interlocutora entre lo móvil y lo fijo tiene que comerse el marrón de enfrentarse a la superioridad de la fibra óptica. Carece de padrinos influyentes y ha de sobrevivir, en condiciones precarias, en unos pocos y limitados márgenes de frecuencia. Es encomiable su creatividad para mejorar sus prestaciones, sin dejarse apabullar por los excesos de la fibra. Incluso suscitó un amago competitivo con las ‘G’ para facilitar la conectividad entre vehículos, pero el intento fue abortado por los poderes fácticos de las redes públicas. En cualquier caso, el móvil consigue que las dos familias convivan y se complementen.

Reconozco que no me habían interesado las bandas de frecuencia que mi móvil puede sintonizar hasta que empecé a escribir este texto. Sorprende la cantidad de opciones y la manera de codificarlas (serie alfanumérica) que complica la identificación del margen de funcionamiento (¡Wikipedia me salvó!). Lo descubierto me confirmó que, cuando elegimos un móvil, damos por supuesta la conectividad y privilegiamos otros atributos: las cámaras fotográficas, la pantalla, la autonomía, el reconocimiento biométrico… Con la falta de cobertura o una pobre calidad de la señal wifi es cuando nos surgen las dudas y los enfados. Pero, antes de culpabilizar al frágil dispositivo, recordemos su dependencia y su abierta disposición para acoger todas las alternativas.

Si, además, facilita la portabilidad entre diferentes operadoras y permite suscribir la oferta más atractiva, podemos concluir que el móvil progresa adecuadamente y que merece ser catalogado como una joya de la conectividad. Una joya que incluso, apoyada en la tecnología bluetooth, presume de habilidades para emparejarse en las distancias cortas.

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