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Tribuna

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José Luis Casado

Ingeniero de Ingeniero de Telecomunicación y maratoniano.

Más allá de la profesión: La maratón, mi otra carrera

Más de una vez he estado tan ensimismado en mis pensamientos que al concluir el entrenamiento no recordaba por dónde había corrido

 

El célebre muro situado en los treinta y tantos kilómetros de carrera se supera con fortaleza mental

José Luis Casado corrió su primera maratón hace casi 40 años. Desde entonces ha recorrido más de 60.000 kilómetros entre carreras y entrenamientos. Reconoce que se ‘enganchó’ a correr, en gran parte porque la satisfacción tras el gran esfuerzo físico y mental que supone acabar una maratón es incomparable a cualquier otra.

Son las 11 de la mañana de un domingo de abril de 1983. Corro por la calle Príncipe de Vergara de Madrid. Las ropas las llevo empapadas, pero ya no por el agua que jarreaba generosamente cuando dieron la salida de la maratón hace dos horas largas, sino por los litros de sudor que en ese tiempo he expulsado. Estoy en el kilómetro 40 del recorrido y ya sé que voy a acabar la maratón, la primera maratón de mi vida. Ahora mi preocupación es otra: si me apuro puedo terminar debajo de las tres horas de carrera. ¡Ahí es nada, convertirme en un sub3 en mi primera aparición en la mítica distancia! Estoy ahí ahí. ¡Qué agonía!

Cuando entro en el paseo del Retiro y veo la pancarta de meta a unos 200 metros, sé que el objetivo está cumplido. Los aplausos de los espectadores a los lados de la calle de entrada me hacen componer la figura y amagar, sólo amagar, un pequeño sprint. Cuando cruzo la línea de meta aún me sobran unos segundos para las tres horas. Es entonces cuando se me agolpan en la cabeza las 40.000 zancadas que acabo de dar por las calles de Madrid, los mil kilómetros recorridos en los cuatro meses de entrenamiento anteriores a la prueba, las horas robadas a las sábanas y a mi familia en esos meses. Las últimas gotas de líquido que aún quedan en mi cuerpo se convierten en lágrimas de alegría. Ha merecido la pena: soy maratoniano.

Los inicios
Yo había empezado a correr cuatro años antes cuando, por diversión, participé en la primera carrera popular que El Corte Inglés organizó en Málaga. El ambiente que vi en ella me cautivó y me enganchó para el resto de mi vida. Desde entonces, 42 años ininterrumpidos participando en cientos de pruebas pedestres en medio mundo, 13 maratones terminadas, la última ya con 70 años, una mejor marca de 2h 51m 29s y más de 60.000 km corridos entre competiciones y entrenamientos.

Reconozco que estuve obsesionado muchos años con la práctica de la maratón: esas carreras en solitario a las seis de la mañana por las carreteras de Málaga antes de comenzar mi larga jornada laboral, las zapatillas de deporte como compañeras inseparables en mis múltiples viajes profesionales que me calzaba nada más aterrizar para patear parques o cintas de gimnasios de hotel… Mi hijo Gonzalo dice que la frase que más ha oído en su vida es: “He visto a tu padre corriendo”. Todavía después de tantos años, me sigo poniendo nervioso antes de cada salida de una carrera.

La maratón ‘engancha’
Hoy en día la maratón se ha convertido en el evento deportivo más multitudinario por número de participantes. Casi 1.300.000 terminaron una maratón en 2018 en el mundo. Es indudable que a ello ha contribuido la mercadotecnia de las empresas, que ven un filón comercial en el consumo que cada celebración de maratón genera, pero ello no hace sino incidir en una realidad: el atractivo que supone para cualquier persona el realizar un acto deportivo extraordinario, en los límites de sus condiciones físicas, sin necesidad de una dedicación profesional al deporte, sin más recursos que su fuerza de voluntad.

¿Qué es lo que hace engancharse -porque esa es la palabra, ‘engancharse’- a una persona como yo cuyo contacto con el deporte solamente habían sido las tablas de gimnasia sueca de su época escolar, los pillapilla con los niños en la calle y los partidos de fútbol entre compañeros de trabajo? ¿Cuál es la motivación que lleva a millones de personas ‘normales’ a sacrificar horas de su tiempo libre u ocupado y ponerse en tales situaciones de esfuerzo límite de forma voluntaria? No existe una explicación meramente racional a tal adición, sino una variedad de ellas que transcienden el ámbito puramente físico y que están ligadas a sentimientos y emociones; al campo espiritual, en una palabra.

No tengo muy claro si el carácter del maratoniano viene ya de nacimiento o, por el contrario, se forja con el ejercicio de la actividad. Muy probablemente haya una realimentación recíproca. En mi experiencia personal, la disciplina, el sacrificio y el no dejar de cumplir objetivos exigentes por falta esfuerzo son unas características probablemente genéticas, luego fomentadas por la educación de mis padres, pero definitivamente reforzadas por la práctica de correr largas distancias.

Esfuerzo individual
La maratón es un deporte individual, que no egoísta. En mi ya larga existencia puedo decir que he conseguido logros de toda índole (familiares, laborales, sociales) que me han proporcionado satisfacciones que, afortunadamente, han compensado los fracasos. La mayoría de esos logros son producto de un esfuerzo colectivo, en los que siempre he contado con la colaboración de otras personas. Y ello me genera sentimientos de gratitud y solidaridad, y satisfacción por el trabajo en equipo. Pero cuando acabas una maratón uno es perfectamente consciente de que aquello es debido única y exclusivamente a tu esfuerzo, a los sacrificios voluntariamente asumidos para su consecución y que proporcionan una satisfacción única que no he experimentado con los éxitos compartidos.

Mucha gente me pregunta entre curiosa y afirmativa si no me resulta aburrido correr durante dos horas yo solo.

Yo también me lo he preguntado. La contestación está en la mente, no dejas de pensar en ese tiempo en mil cosas: desde recrear hechos pasados de niñez o juventud hasta planificar las actividades del día o, incluso, bosquejar un plan operativo para tu empresa. Más de una vez he estado tan ensimismado en mis pensamientos que al concluir el entrenamiento no recordaba por dónde había corrido.

Fortaleza mental
Y es que la mente juega un papel importantísimo en la maratón. El célebre muro situado en los treinta y tantos kilómetros de carrera se supera con fortaleza mental. Cuando alcanzas esa distancia, el organismo entra en terrenos desconocidos porque nunca en los meses previos has corrido tantos kilómetros seguidos; cuando tu cuerpo ya ha consumido el glucógeno almacenado para convertirlo en energía y empieza a quemar grasa corporal y, sobre todo, cuando sería tan fácil dejar de sufrir -bastaría con pararse-, hay que vencer todas las tentaciones que asaltan la mente (“déjalo, José Luis, es que no venías bien preparado” o “ya has hecho más maratones, no tienes que demostrar nada a nadie”) y seguir, seguir. Discrepo de todos aquellos que opinan que la maratón es una prueba meramente de esfuerzo físico, más relacionada con la componente animal del ser humano que con sus aspectos inteligentes y espirituales. Una maratón es una cuestión volitiva y la voluntad es una de las tres potencias del alma. Alma que solo tiene el ser humano.

 

José Luis Casado Moreno

Ingeniero de Telecomunicación por la Universidad Politécnica de Madrid, diplomado en alta dirección por la London Business School y el Instituto Internacional San Telmo. Treinta años en el grupo Alcatel, director de bioingeniería del hospital POVISA y gerente del centro tecnológico HABITEC. Ha sido decano del COIT AORM.

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