En muchas conversaciones corporativas sobre IA hay una idea que se repite: si seguimos aumentando parámetros, datos y cómputo, los modelos acabarán resolviendo prácticamente cualquier problema relevante para el negocio. La narrativa del ‘escalado’ refuerza esa intuición: más tamaño, más datos, más rendimiento. Los grandes modelos de lenguaje parecen confirmar esa visión. Versiones sucesivas muestran mejoras claras en generación de texto, razonamiento aparente, programación o análisis de documentos, y lo hacen siguiendo leyes de potencia bastante regulares. No es solo una impresión: estudios como los de Kaplan u Hoffmann han mostrado que, con buena ingeniería, el rendimiento escala de forma predecible al aumentar cómputo y datos.
La inteligencia artificial generativa se está generalizando a una velocidad sin precedentes. Pero cuanto más delegamos en ella tareas cognitivas —escribir, razonar, decidir, crear— más riesgo corremos de atrofiar las capacidades mentales que nos hacen humanos. Este artículo plantea que necesitamos respuestas proactivas: un gimnasio para el cerebro en la era de la IA.
La Inteligencia Artificial (IA) actual aún no es inteligente como la entendemos los humanos. Es un mecanismo masivo de aprendizaje, acelerado por el uso de técnicas algorítmicas de gestión de millones de variables sobre ingentes masas de conocimiento accedido. Recordemos que el conocimiento es la única riqueza que no pierde valor al compartirse.
“No nos disgusta el cambio, nos disgusta que nos cambien”. Esta reflexión captura perfectamente la paradoja de nuestro tiempo: vivimos en una era de transformación tecnológica sin precedentes, donde la Inteligencia Artificial (IA) generativa está redefiniendo cómo trabajamos, cómo nos relacionamos y cómo vivimos en nuestras ciudades.
Para entender la Inteligencia Artificial (IA) en 2025 conviene recordar a Rodney Brooks, un clásico ejemplo de pensador disruptivo. Se convirtió en una especie de marginado en su campo cuando, en una conferencia en 1985, presentó un robot que se movía por un espacio (la sala de exposición de la conferencia) con mucho más éxito que cualquier otro intento hasta la fecha. Y lo más sorprendente: el robot básicamente no tenía cerebro, ni unidad central de procesamiento, ni realizaba razonamientos, ni construía mapas de su entorno. Simplemente deambulaba por la sala y reaccionaba directamente a sus sensores, usando el mundo como su propio modelo. Su enfoque Sense-act (Percibir-Actuar) era un concepto impensable frente al Sense-Plan-Act (Percibir-Planificar-Actuar) dominante en la época.
A lo largo de la historia, las mujeres han desempeñado un papel fundamental en el desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA), aunque su contribución ha sido muchas veces invisibilizada. Desde los primeros avances en computación hasta la actual era de la IA y el aprendizaje automático, numerosas científicas han dejado su huella en este campo, impulsando innovaciones que han cambiado el mundo.
La Inteligencia Artificial lleva rondando nuestras vidas ya mucho tiempo. Desde sus inicios, cuando ni siquiera se llamaba Inteligencia Artificial y eran Redes Neuronales y pocos las entendían y usaban. Se puede usar una IA para cualquier cosa, preparar el menú semanal, traducir un libro del japonés, hacer carátulas para los vídeos de YouTube o programar una página web que venda perritos calientes a domicilio. Dentro de los miles de usos actuales, como futuros telecos que somos los que escribimos esto, os vamos a contar una serie de aplicaciones que últimamente nos han resultado muy útiles.
Valery Naranjo, la catedrática de la Universidad Politécnica de Valencia que ha liderado proyectos pioneros en Inteligencia Artificial y visión por computador, es un ejemplo inspirador para las nuevas generaciones de ingenieras. Esto le ha valido para ser galardonada con el Premio Pioneras_2024 del COIT en un acto celebrado en la sede del Senado con la presencia de Óscar López, ministro para la Transformación Digital y de la Función Pública, y Javier Maroto, vicepresidente primero de la Cámara Alta.
Tras haber sido directora de Gabinete del ministro en el Ministerio de Transformación Digital y de la Función Pública, Mayte Ledo fue nombrada este mismo año secretaria de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial. Su participación en el IV Congreso del COIT celebrado en el mes de abril en Alicante y dedicado a los desafíos de la IA, nos ha dado la excusa perfecta para poder entrevistarla en nuestra revista BIT.