El contexto actual exige que Europa aumente su autonomía y reduzca su dependencia de otros actores internacionales. Y para ello no solo es necesaria la colaboración y coordinación entre países, también resulta imprescindible el entendimiento con instituciones de fuera del continente.
Una tecnología se considera disruptiva cuando su implantación implica la sustitución u obsolescencia de una tecnología anterior por la que se obtiene una ventaja competitiva tan significativa que cambia drásticamente los escenarios donde se introducen, así como las ‘reglas de juego’ hasta entonces utilizadas.
Nadie mejor que Daniel H. Wilson, doctor en robótica por la universidad Carnegie Mellon y novelista de ciencia ficción de gran éxito, para describir la decepción que durante muchos años ha subyacido en torno a la robótica, una aparentemente eterna promesa de futuro: “A veces una tecnología es tan asombrosa que la imaginación se desboca con ella, a menudo muy, muy lejos de la realidad. Es lo que pasa con los robots. Al principio se hicieron grandes promesas en robótica, basadas en éxitos preliminares, que finalmente no se cumplieron”.
La rápida convergencia de tecnologías como la microelectrónica, la Inteligencia Artificial o las interfaces hombre-máquina, entre otras, ha posibilitado interaccionar de forma invasiva o no invasiva con el cerebro humano. Con ello, la neurotecnología se ha convertido en una ayuda para personas que sufren enfermedades cognitivas o para mejorar las capacidades de individuos sanos. Es un ámbito disruptivo en el que la tecnología, la ética y la regulación deberán ir de la mano en beneficio de la sociedad.
Las tecnologías cuánticas cambiarán la forma de procesar y transmitir la información. Son complejas porque se alejan de nuestros sentidos, pero prometen unas capacidades que solo estamos empezando a entender. La fuerte competencia acelera el ritmo de innovación, y la computación y las comunicaciones cuánticas ya ofrecen unos primeros resultados tangibles. Es la segunda revolución cuántica –la primera fue la que dio origen a la electrónica– que expandirá los límites actuales de las TIC.
La biotecnología tiene hoy en día más poder para cambiar las cosas que en ninguna otra época de nuestra historia. Podríamos hacer clones de cualquier humano o desarrollar personas con cerebros mucho más grandes. Incluso podríamos llegar a revivir a un neandertal. Domesticamos microorganismos que pueden conseguir cosas tan sorprendentes como enriquecer uranio. Sin biotecnología no seríamos la especie que hoy somos, ni mucho menos la que seremos.
En el relato de ciencia ficción ‘El convector Toynbee’, publicado en 1984, Ray Bradbury narra la historia de Craig Bennett Stiles, un inventor que atenazado por la deriva de un mundo malherido y una sociedad de futuro incierto, decide crear una máquina del tiempo y viajar al futuro. Allí, queda fascinado por las maravillas de una sociedad tolerante y tecnológicamente muy avanzada que habita una naturaleza pletórica y exuberante. Admirado, decide documentar ese maravilloso futuro y volver al pasado, donde convence a sus coetáneos de que un futuro mejor para todos es viable.
En los últimos años, el mundo de las tecnologías de la información y comunicaciones ha experimentado un proceso disruptivo sin precedentes. La convergencia de diversos avances tecnológicos ha transformado la manera en que interactuamos con la información y nos comunicamos, impactando de forma significativa en múltiples aspectos de nuestra vida cotidiana.
Amazonas Nexus de HISPASAT es un satélite de alto rendimiento que ofrecerá servicios de conectividad de banda ancha en entornos remotos y de movilidad aérea y marítima. Lanzado el pasado 7 de febrero desde Cabo Cañaveral, el Amazonas Nexus dará amplia cobertura sobre el continente americano, Groenlandia y los corredores norte y sur del Atlántico. Y es, además, el primer lanzamiento que compensará sus emisiones de CO2